«Cuando presento el currículo no creen que hable tantos idiomas»

VIGO

GUSTAVO RIVAS

Entrevista | Fernando de Castro Licenciado en Filología Germánica, Fernando de Castro tiene tal facilidad para los idiomas que la mitad de los 15 que domina los aprendió a base de casete

17 jun 2006 . Actualizado a las 07:00 h.

?o falla. Cuando presenta su currículo, el rostro de su interlocutor dibuja una mirada de escepticismo. Pocos se creen que hable más de quince idiomas con la misma soltura que su gallego natal, algunos tan difíciles de aprender como el húngaro, el ruso o el croata. Por no mencionar el polaco, el alemán y, por supuesto, el francés, el inglés, el italiano, el catalán... Pero lo más increíble es que Fernando de Castro haya aprendido buena parte de ellos a base de casete. Así es comprensible el alias por el que le conocen los amigos, El Extraterrestre. Que, según aclara, «no es porque esté en las nubes, sino por ser un asiduo del Planeta Agostini». -Eso no puede ser cierto. -¿Lo de que hable tantos idiomas o lo del método empleado para aprenderlos? -Lo del método, claro. -Pues lo es. De hecho, estoy en Vigo (reside en Londres) para colaborar con el jurado de un certamen literario que ha organizado la Universidad. Uno de los trabajos se presentó en ruso y me pidieron que compruebe si la traducción es correcta. Y el ruso es uno de los idiomas que aprendí con el famoso método. -Lo del húngaro ¿también fue así? -No. El húngaro es dificilísimo y necesita otro tipo de dedicación. Asistí durante seis meses en Berlín a un curso especializado. Me dijeron que era el primer español que había pasado por allí y que, seguro, sería el único que pasaría. -Le preguntaba lo del húngaro porque se ha atrevido con la traducción al gallego de una obra de Sándor Márai. -Sí. Se titula Herbario y es la primera que se hace de un autor húngaro, por cierto muy leído en su país. Fue un encargo de Rinoceronte, una editorial especializada en traducciones de idiomas poco comunes. -¿Cómo empezó esa pasión suya por los idiomas? -De niño. Me conocían bien en el quiosco de Pi y Margall que había cerca de casa. Allí compraba los fascículos. -Luego, ya en la Universidad, completó el círculo. -En cierta forma. Me licencié en Filología Germánica, pero siempre tuve curiosidad por lo exótico, así es que fue providencial mi amistad con un compañero de facultad checo. Enseguida me enganché a las lenguas eslavas e hice cursos de posgrado en Madrid, Barcelona y Granada. Luego he tenido oportunidad de practicarlas in situ. -De hecho creo que será más fácil que enumere los países de Europa en los que no ha residido. -(Risas). Aprovechaba y aprovecho los veranos para viajar. He vivido en la República Checa, Croacia, Hungría, Alemania, Italia, Rusia, Bélgica... Creo que los únicos países en los que no he estado son Grecia y Turquía. -También ha tenido mil trabajos. -Pues desde traducir a distintos idiomas la web de una cadena de hoteles en Londres, hasta hacer de intérprete en el Parlamento Europeo, colaborar con la Universidad de San Petersburgo en la traducción de una antología de cuentos rusos... -Supongo que su teléfono no parará de sonar. -No se crea. A veces me resulta difícil encontrar un buen trabajo. En ocasiones, sobre todo si no tienen posibilidades de comprobarlo, porque piensan que estoy falseando el currículo, y en las que sí lo comprueban, porque consideran que no pueden ofrecerme unas condiciones suficientemente atractivas para retenerme. En definitiva, la pescadilla que se muerde la cola, así es que he terminado por trabajar por libre, fundamentalmente traduciendo libros. -¿No le ha pasado alguna vez lo de Babel, que confunda las lenguas? -Nunca. Lo hago con tanta naturalidad que hasta suelo soñar en el idioma del país en el que esté o, algunas veces, de la última conversación que haya tenido. -Decididamente, sus amigos acertaron con el alias. -(Risas). Sí. -¿No tendrá la misma facilidad para el fútbol? -Supongo que lo pregunta porque mi abuelo fue Manuel de Castro, el principal impulsor del nacimiento del Real Club Celta. De hecho tiene una calle con su nombre muy cerca de Balaídos. Pues no, nada de fútbol. Pero sí mucho deporte. Nado, corro, ando en bici y voy al gimnasio. -¿Pero no será todo el mismo día? -A veces sí, sólo a veces. No siempre tengo tiempo para todo.