La Mirilla
10 jun 2006 . Actualizado a las 07:00 h.Ha quedado claro que la recién creada Asociación Galega de Xornalistas e Escritores de Turismo entra pisando con fuerza. Nada de una tímida presentación en sociedad al uso para anunciar filosofías de trabajo. A la entidad que preside Guillermo Campos le faltó tiempo para remangarse y empezar por lo más difícil, organizar el congreso que, cada año desde hace 27, convoca la Federación de Asociaciones, cuyo timón maneja Mariano Palacín. Porque Galicia era la única comunidad huérfana de una entidad de este tipo. En cuanto se corrió la voz de que este año tocaba la comunidad gallega y, más concretamente, las Rías Baixas, se apuntó hasta el Tato. Más de un centenar de periodistas llegados de los cuatro puntos cardinales del país se están dando desde el jueves un baño de paisajes singulares, gastronomía de chuparse los dedos, historia jacobea, trato inmejorable... y todo ello adobado con las imprescindibles sesiones de trabajo en forma de ponencias. Un maraton a ratos agotador pero que, por las caras que ponían anoche, tras la cena de despedida en Casa Solla, están dispuestos a repetir en cuanto se presente la oportunidad. La consigna era empapar de Rías Baixas a unos profesionales que, en cuanto lleguen a sus medios, van a vendérselas como nadie a sus respectivos lectores. Así se entiende que el programa fuera tan apretado que apenas tuvieran tiempo para dormir. Empezaron el jueves por la tarde haciendo un tramo urbano del Camino de Santiago en Pontevedra, y siguieron de romería hasta bien entrada la madrugada. El viernes tocó Vigo. Primero por tierra y luego por mar. Lucía Molares acudió a la Estación Marítima a despedirlos. Pero antes de iniciar la singladura rumbo a San Simón les relató los encantos de la ciudad. Les contó aquello de que industrial sí, pero de servicios también. Y aquello otro de que tenemos mucho que ofrecer a los turistas, porque lo que nos sobran son atractivos. Los periodistas disfrutaron de la singladura hasta San Simón. Y luego de los encantos de la isla para, finalmente, tomar el castillo de Soutomaior, donde les aguardaba una cena a base de productos medievales. Los mismos que tomaba (o podía tomar) Pedro Madruga, el más famoso inquilino de la fortaleza: lamprea rellena, lacón prensado, caldo gallego, capón, filloas y requesón con miel. Aunque lo que más disfrutaron los congresistas fue la queimada, preparada por el inefable Mariano. Hoy se conocerán las conclusiones del encuentro. Las lúdicas, inmejorables. Fijo. Sobre las otras, los títulos de las ponencias avanzan muchas pistas: el catalán Doménec Biosca repasó los 14 puntos (ni uno más ni uno menos) que deben seguirse para conseguir el éxito de un destino turístico; el extremeño Francisco Rivero se centró en Cáceres como capital europea de la cultura 2016; Carmen Parada, hizo parada y fonda en la gastronomía en los cascos históricos; Cristobal Ramírez, periodista al que los lectores de La Voz conocen bien, se explayó (eso sí, desde la distancia de las Feroe) sobre el turismo rural... Ruben Lois González fue el encargado de cerrar ayer el trabajo, justo antes de que los participantes se intercambiaran los últimos teléfonos y prometieran seguir en contacto. A ver. El paralímpico vigués ha vuelto a demostrar que está en plena forma. Se había fijado el reto de cubrir a nado las quince millas que separan la isla de Ons del Náutico de Vigo en otras tantas horas y, no sólo lo logró, sino que redujo el tiempo en 60 minutos. Lo cual no quiere decir que la travesía haya sido un paseo militar. Ni mucho menos. El tiempo y, con él, el estado de la mar, jugaron en contra. Hasta el punto de hacérselas pasar canutas y llegar prácticamente congelado. Sólo su extraordinaria fuerza de voluntad y los gritos de aliento que, sobre todo, desde que enfiló la ría de Vigo, le llegaban desde los barcos que le rodeaban, le impidieron tirar la toalla. En total 27,7 agotadores kilómetros a pura brazada. Las primeras las dio a las seis de la mañana en Ons y la última a las ocho de la tarde. Durante todo ese tiempo un par de lanchas le seguían de cerca, tanto para facilitarle alimentos, como para atender cualquier posible percance. En un tercer barco, un grupo de amigos desplegaban una pancarta en la que podía leerse «Chano campeón», cuestión que ya ha dejado clara casi en tantas ocasiones como nos ha representado mundo adelante. Ayer volvió a demostrar la buena madera deportiva de la que está hecho.