Al contenedor

CRISTINA LOSADA

VIGO

ANTÍPODAS | O |

10 jun 2006 . Actualizado a las 07:00 h.

CUANDO resucitaron el Ministerio de Vivienda, nos pusimos en lo peor. Nos. Es decir, los que tenemos constancia de que Napoleón estaba en lo cierto cuando decía que el modo de aplazar y eludir la solución de un problema es crear una comisión, se llame equis o ministerio. La aparición de un nuevo chiringuito burocrático, sea un super Centro coordinador o una ley para abordar esto o aquello en profundidad, debería de alertarnos ipso facto. Dos de cada tres veces constituyen la prueba infalible de que no se quiere resolver el entuerto, sino hacer como que se resuelve. El viejo truquillo de la comisión, que si algo genera, son gastos. A pesar de esta previa desconfianza, nunca imaginé que llegaríamos a tanto. A tanto disparate, quiero decir, en la política de vivienda. Aquellas "soluciones habitacionales" nos impresionaron de forma indeleble ya por el nombre. ¡Serán cursis! No recuerdo cuántos metros cuadrados ofrecían los cubículos, pero sí que todos los entusiastas del proyecto que salieron a la palestra, sacaban sus buhardillas de juventud como ejemplo de que se puede sobrevivir en poco espacio. Toma, y hasta en una celda. Lo escandaloso era presentar tal chapuza como una gran solución. fOtro de los inventos del tebeo que salieron de esa factoría fue lo de los contenedores. Esos recipientes metálicos destinados a recibir carga y que, pintaditos de colores, quieren colar como habitáculos. Los gobernantes de aquí han comprado el camelo y el otro día lo aireaban sin rebozo. Hay países donde se usan como viviendas, alegan. Mire usted, sí, pero como apaño temporal. Claro que se puede vivir en uno de ellos. Incluso en un contenedor de basura de estos grandes que tenemos en Vigo. Todo es acostumbrarse. ¿Por qué no hace la prueba alguno de los que alumbran estas ideas? Al contenedor, a ver si así se contienen.