Nueve días a base de fruta

E. V. Pita VIGO

VIGO

Crónica | La odisea del vigués desaparecido en Peñíscola El jubilado de una excursión del Imserso que se perdió en un pueblo de Castellón pasó el reconocimiento médico de regreso a la ciudad gallega

23 may 2006 . Actualizado a las 07:00 h.

José Rodríguez Couñago, de 61 años, sobrevivió perdido durante nueve días en el campo castellonense a base de agua y fruta. De vuelta a Vigo, superó el reconocimiento médico. El facultativo observó, además de un problema neurológico, sus pies completamente hinchados de tanto andar. No apreció síntomas de desnutrición. «Está bien, ya ha sido dado de alta y ha vuelto a casa», decía ayer su hijo Agustín. Este relataba la odisea de este excursionista que sufrió una pérdida de memoria similar al Alzheimer. «Es la primera vez que le pasa. Ahora debe recuperarse y seguir su vida normal. Esta vez ha tenido suerte pero quizás no haya segunda vez», afirmaba ayer con preocupación el familiar. Según sus allegados, Couñago salió de su hotel y, a los pocos metros, se perdió entre las calles y no supo regresar al hospedaje. Comenzó a andar sin rumbo y cayó la noche. Su mujer se percató de la ausencia a la hora de comer y dio la alarma. Todas las búsquedas con helicópteros y buzos en la playa, la huerta y los humedales no tuvieron éxito. El jefe de la Policía Local amplió el rastreo a otros pueblos cercanos. Nueve días después, un policía de San Carlos de la Rábita (Tarragona), pueblo situado a 30 kilómetros, bajó a Peñíscola y reconoció en un cartel la foto del vigués. Aseguró que lo había visto tres días antes por la carretera, que lo identificó y que lo tomó por un turista, pues llevaba camiseta y bañador. El vagabundo relató su vida al agente, que era de Vigo y estaba casado, pero nunca hizo mención al hecho de que estuviese perdido o que necesitase ayuda. Al agente, le pareció una buena persona y no lo llevó al cuartelillo. Sentado bajo un árbol Tras obtener esta importante pista, la policía local de Peñíscola avisó a su hijo Agustín, que en ese momento abandonaba Castellón en un avión. Estaba desesperanzado tras acompañar a su madre en la búsqueda durante una semana. «Aquellos fueron días de máxima angustia. Llegamos a temer que él estuviese muerto en algún lugar inaccesible y que por eso no había sido encontrado aún», relató ayer el hijo. Este alertó a su tía, que vive en Gandía, y la mujer se presentó el pasado sábado con la policía en el pueblo de San Carlos de la Rábita. Lo encontró sentado bajo la sombra de unos árboles, al pie de la carretera. El hombre la reconoció y le dijo que estaba «cansado». Así finalizaban nueve días de su deambular por la huerta valenciana. «Mi padre se extrañó al oír que había estado desaparecido tanto tiempo. Él creía que había estado fuera dos días. En ningún momento, pensó que estuviese desaparecido y, debido a su problema neurológico, tampoco acudió a pedir ayuda a la policía», relata el hijo. Agustín Rodríguez sospecha que, debido a la pérdida de memoria, «nunca sabremos toda la verdad» sobre todo el itinerario que siguió su padre. «Él nos cuenta episodios aislados: que estuvo en el campo, que caminó por la carretera. y prueba de ello son los pies hinchados», afirma. Es seguro que ha andado más de los 30 kilómetros que distan el pueblo donde desapareció del otro donde fue hallado. Una hermana de Pepe, como lo conocen sus allegados, que vive en Redondela, donde es natural el desaparecido, se alegraba ayer del final feliz.