OPINIÓN
13 mar 2006 . Actualizado a las 06:00 h.LA ironía es el mayor enemigo que tiene un periodista. La ironía puede colocarle a los pies de cualquiera que no haya sabido o no haya querido interpretarla. La ironía, que siempre nace con el objetivo de disparar hacia el lado contrario de donde aparentemente apunta, es traicionera e ingrata porque no contenta a nadie, salvo inicialmente al que la concibe, que finalmente la padece en silencio, como las almorranas del anuncio. La ironía, liberada de cualquier cinismo, es sana y nutritiva hasta que choca con el malentendido, que siempre puede ser casual o forzado. La ironía es gallega, pero está en vías de extinción porque su presencia produce inquietud. Yo también estoy molesto con la ironía, con mi propia ironía, la misma ironía que ha desatado tanto rencor y me ha llenado de maledicencia. Ya me gustaría que fuera irónica como mis propias apreciaciones. ¡Ay la ironía!