Peligra el Palacio de Congresos

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VIGO

DISCUTIENDO si son galgos o podencos los perseguidores, como los conejos de la vieja fábula, los disferentes grupos políticos de nuestra corporación municipal están haciendo todo lo necesario, inconscientemente o, lo que sería lamentable, puede que a sabiendas de sus tejemanejes, para que nos quedemos sin palacio o centro de congresos y certámenes, esa necesidad inaplazable. Resulta que las propuestas que pretenden su adjudicación o no reúnen las condiciones exigidas o hay quien, como si fuera decisión reflexionada, ha decidido elegir como la mejor aquélla que no lo es, en la convicción de que quien se sienta perjudicado entablará el correspondiente contencioso, que dilataría la adjudicación definitiva, tiempo suficiente para que se perdieran, por prescripción o cualquier otra argucia legal, sustanciosas subvenciones imprescindibles para tan ansiada empresa. Este es, al menos, el clima que se respira en los ámbitos municipales en que está cociéndose la tal adjudicación que, cuando menos, ya parece el parto la elefanta, aunque a lo peor resulte el de los montes, con un ratón como fruto de tanto supuesto esfuerzo. Claro que las comparaciones son odiosas, sobre todo para quien pierde en ellas. Mas lo cierto es que ciudades de semejante o menor importancia que Vigo disponen de ese servicio imprescindible, y buen partido están sacándole. Y que nosotros necesitamos el palacio, guste o no guste el diseño del arquitecto ganador del certamen, Portela, y se acepte o no como el mejor su emplazamiento en Orillamar, que no es absurdo, sino lógico, dado que Vigo es ciudad eminentemente marítima que nació junto al mar y del mar vive en buena parte. ¿Alarmismo sensacionalista el nuestro? Desgraciadamente, no, sino datos filtrados desde ámbitos bien informados que la discreción nos obliga a no precisar en detalle. O espabilamos, abandonando intereses personales y de partido, o nos quedaremos sin palacio de congresos. Así, sin más templar gaitas. El proceso del proyecto fue lentísimo con el gobierno nacionalista o bipartidista en la ciudad y el de derecha pura y conservadora en Compostela.Ahora, cuando la situación ha dado la vuelta, acaso estemos entre los mismos perros, aunque con distintos collares. Y lo cierto es que la jauría no caza. Que la pieza, la ansiada pieza, sigue campando alegremente, suelta y no más que amagada de cobro. Con muchos ladridos, carreras y acezamientos, pero sin una sola dentellada efectiva. Y tanto como las comunicaciones, desde el tren de alta velocidad a la renovación de esa ridiculez suicida que llamamos autovía hasta Porriño, necesitamos el ámbito para exhibir y proyectar nuestros productos y negocios. Inaplazablemente.