Los destrozos de mobiliario urbano son en Samil y en los botellones del Castro, el Naútico y plaza de Portugal Las quemas de coches y contenedores se suelen producir en calles del extrarradio
17 ene 2006 . Actualizado a las 06:00 h.En lo que a vandalismo se refiere, el prejuicio funciona: botellón y destrozos urbanos están íntimamente ligados. Según confirman desde el Concello, la práctica totalidad de los ataques contra el patrimonio de los vigueses se producen en Samil y en las tres principales zonas de botellón de la ciudad: el entorno del Náutico, Montero Ríos y la plaza de la Estrella; los parques del monte de O Castro, y la plaza de Portugal y calles cercanas. Y la coincidencia entre botellón y vandalismo no acaba ahí, porque el Concello también denuncia ataques reiterados en los itinerarios que conectan esas zonas de juerga callejera con las principales áreas de bares y discotecas (Areal y Churruca-Lepanto). Así, son frecuentes los destrozos en calles de paso como Velázquez Moreno, Luis Taboada o incluso la plaza del Rey, donde hasta el busto de Juan Carlos II pagó la cercanía con los botellones del Castro. Fuego en el extrarradio. El prejuicio que relaciona botellón y destrozos se hace realidad hasta el punto de que encajan incluso los horarios de los ataques. Pueden atestiguarlo los bomberos, que cada noche de fiesta se ven obligados a sacar la manguera entre las cuatro y las seis de la mañana en lugares como Ramón Nieto, calle Aragón, Florida, Bouzas o Sanjurjo Badía, donde apagan los contenedores incendiados por los gamberros que regresan al barrio después de beber en el centro. Y no son precisamente casos aislados: durante el 2004 ardieron 463 contenedores y 116 coches. De hecho las quemas de vehículos y depósitos de basura son, junto a los graffitis de Samil, los únicos actos vandálicos que se alejan del mapa que pinta la mayoría de las agresiones en los puntos neurálgicos del botellón. En Montero Ríos no se libra ni el reloj de la Volvo. La bola que marcaba la cuenta atrás para la Vuelta al Mundo de Vela se convirtió durante meses en uno de los símbolos del 2005 vigués, pero los excesos etílicos provocaron que los gamberros no lo tuvieran en cuenta. Como tampoco respetaron el valor artístico del nadador esculpido por Leiro, al que le pintaron una sugerente raya blanca junto a la nariz. La zona comprendida entre la plaza de la Estrella y el Náutico sufre gran parte de los ataques contabilizados por el Concello. El descontrol es tal que ni siquiera la presencia de la comisaría nacional a unos metros evita destrozos en la calle Luis Taboada. En O Castro ya no quedan farolas. Es la segunda zona en la que el botellón hace estragos. Desde el Concello denuncian los daños en semáforos del parque infantil de O Castro, la rotura de tejas en alguna caseta y barrabasadas varias (las clásicas papeleras pateadas y bancos machacados). Los ataques son tan frecuentes que ayer La Voz se encontró con que en la zona en la que se sitúan los botelloneros no queda ni una sóla farola sana. Tampoco se libran las flores, los árboles o los muros de O Castro. Flores machacadas en Urzaiz. La alcaldesa las convirtió en uno de los símbolos de su apuesta contra «el Vigo cutre», pero plantó los parterres florales demasiado cerca de la jungla urbana en la que se transforma cada fin de semana el entorno de Churruca, plaza de Portugal y Urzaiz, en el que el botellón comparte manzana con los bares. ?amil, zona cero. Y del centro se llega al epicentro de los destrozos. Está en Samil, lugar perfecto para los gamberros por su lejanía de la policía y la escasez de población. Y en verano, los ataques se disparan. Sirve de ejemplo junio: en apenas 30 días, la policía detectó 48 destrozos en el patrimonio. Aunque, claro, por medio estuvieron San Juan y su macrobotellón playero.