LA JUSTIFICACIÓN de la ministra de Cultura para no pagar una biblioteca en Vigo por no ser capital de provincia -una respuesta que el cronista escribe un poco más arriba en esta misma página- es un nuevo ejemplo antológico de la lógica absurda que aplican los que llevan de su mano la cosa pública. El anterior ejemplo más reciente fue el del ministro Caldera, de cuna castellana para más señas, y que antes de serlo se negaba en redondo a que Cataluña pudiese custodiar los documentos de la guerra civil española. Ya en su cargo entró inesperadamente en razón, y dijo que sí, que era justo y necesario . Bueno, en realidad, nada dijo. Simplemente, le cerraron la boca. Eh, pero, le abrieron otra cosa. Si los ministros tuviesen percha y no fuesen unos remendones, no tendrían que comportarse de esta forma tan arbitraria, pero, precisamente, hay que ser así para poder ser ministro.