Reportaje | La batalla del aire La historia de la construcción del aeropuerto de Vigo, que duró 26 años, es una metáfora de las dificultades que ha sufrido la ciudad en el terreno de las infraestructuras
03 dic 2005 . Actualizado a las 06:00 h.Lo primero que aprende el vigués cuando viene al mundo es que nada le van a regalar desde las instituciones públicas. Lo aprende porque la historia se lo recuerda constantemente. Ocurrió con su puerto marítimo, con sus carreteras de conexión con la Meseta, con el ferrocarril o con su aeropuerto. Nunca hubo una hada madrina que decidiera gentilmente echar una mano a este estratégico lugar. La historia del aeropuerto de Peinador se remonta a la década de los años veinte de la pasada centuria. El empeño del dictador Primo de Rivera por modernizar las infraestructuras españolas lleva a concretar un plan de aeropuertos que abrirá nuevas pistas por todo el Estado. La Dirección Superior de Aeronáutica decide en 1928 que el aeropuerto de Galicia se ubique en las Gándaras de Budiño, en un terreno cedido por el Concello de O Porriño. Se constituye entonces la Junta de Construcción y Explotación del Aeropuerto de Vigo, que en diciembre de 1928 recibe 28.000 pesetas del Estado para redactar los proyectos de saneamiento y construcción. Las aportaciones estatales se cortaron en ese mismo momento y las obras cayeron en el olvido hasta varios años después, cuando España estaba en guerra con España. Al mes siguiente de la sublevación, el comandante militar de Vigo, Felipe Sánchez, y el presidente de la Comisión Gestora Municipal deciden que el futuro aeropuerto se construya en la meseta de Peinador, es decir, entre los montes da Pena y Cotogrande, en el mismo límite de Vigo y Mos. Allí había una apeadero de la línea de tranvías que iban a O Porriño, que todo el mundo conocía con el apellido del presidente del Consejo Ferroviario de esta línea, señor Peinador. Por ese motivo el posterior aeropuerto llevará el nombre de la familia empresarial que creó el balneario de Mondariz. Trabajo o dinero El 18 de septiembre de 1936, las autoridades de la ciudad publican un edicto en la prensa local explicando como afectará a la población la construcción del aeropuerto. «Para la explanación de los terrenos del aeropuerto se impone con carácter obligatorio la prestación personal a los residentes vecinos de los municipios de Vigo, Lavadores y Mos que hayan cumplido 20 años y tengan menos de 50 años», decía textualmente el primer punto del nuevo edicto. La prestación, que en realidad era un trabajo forzado, era de dos días al mes, que podían ser redimidos si se pagaban seis pesetas por día. Desde entonces, la prensa local publicaba a diario las calles cuyos vecinos debían presentarse en las oficinas del aeropuerto, que estaban en la calle Velázquez Moreno, para cumplir con su aportación a la obra común. No todo el mundo contestaba afirmativamente a esta llamada. Por ejemplo, en ejemplar de El Pueblo Gallego del 13 de septiembre de 1937, se recoge una sanción, a un vecino de la calle Montero Ríos, que no acudió a su cita. La autoridad lo castiga doblándole la prestación a cuatro días. La lista de personas que a diario se les reclama que justifiquen su ausencia en los mencionados trabajos es muy extensa. Copla penosa El trabajo comenzaba a las ocho de la mañana y finalizaba a las seis de la tarde, a lo que había que añadir el esfuerzo de ir andando hasta Peinador. Antonio Giráldez, en su libro 1939, la guerra ha terminado. Hace sesenta años en Vigo , recoge una copla que se hizo popular entre quienes acudían a trabajar al futuro aeropuerto. «Si vas a Peinador, ti qué vas facer, danche de traballo e non de comer», decía una de las versiones de la canción. Pero, este esfuerzo personal de los vigueses no se veía acompañado por la inversión estatal. Desde 1936 se había iniciado una suscripción popular, que en realidad era una forma de decir que uno toleraba el régimen. Estas cuotas se fueron aumentando con el paso de los años pero no fueron suficientes. Aún así, los vigueses tuvieron que aguantar estoicamente la «magnifica impresión» que causaron las obras del aeropuerto a Franco, durante su visita a Vigo el 13 de septiembre de 1939. Al año siguiente se redacta un nuevo proyecto, pero ya lo hace el Ministerio del Aire, que habilitará un presupuesto de dos millones de pesetas para realizar las tareas de explanación y saneamiento.