Pintando evocaciones

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VIGO

NACIDO en Fiestras, Silleda, y avencidado en Lalín, José A. Fondevilla pinta desde siempre, aunque comenzó a exponer en 1993, cuando entendió que su trabajo aportaba alguna personalidad definitoria. Hace un par de años se dio a conocer en Vigo y ahora vuelve y en la sala Chroma manifiesta su positiva evolución desde entonces. Siempre, pintando evocaciones. Deshaciendo o modificando la realidad, para que las expresiones de su obra sean recuerdos que se perpetúan. Aporta considerables dosis de onirismo, que es tanto como hablar de un surrealismo atemperado, nada visceral o convulso, sino muy al contrario, sereno y hasta amable, aunque por momentos acuse cierta dramaticidad, más implícita que explícita. A Fondevila le preocupa la mera calidad formal de la obra. Desea pintar bien, gozando de su oficio, ensayando nuevos procedimientos y nuevas técnicas que le dan excelentes resultados. Su paleta es rica y variada, si bien siempre dentro de un a tonalidad dominante, dorada, sobre la que danzan verdes, ocres, carmines atenuados. Hay una carga literaria en su pintura, claro que deliberada, y que puede partir del más entrañable Fernández Flórez, maestro gallego de un pasado próximo con admiración generalizada que habría en justicia que recuperar, hasta ese Castelao tierno e irónico, que dice verdades sin herir, sin violencias. Realismo relativo En consecuencia, pretende Fondevilla elevar la anécdota a categoría, y partiendo de un realismo muy relativo, se interna en la fábula y la narrativa, recurriendo a elementos tradicionales en la más genuina cultura popular del país que, al fin, a tantos buenos artistas han inspirado. La romería y el antroido, las virtudes y posibles defectos del paisano, de nuestro aldeano, son motivos para la pintura de Fondevila, cuya mancha amplia, tendida, rascada y cargada de veladuras, atrae al espectador verdaderamente interesado en la pintura que ha evolucionado pero no quiere instalarse en vanguardias chirriantes, tantas veces efímeras.