Entrevista | Genaro Quispe Nueve mil campesinos bolivianos han mejorado notablemente sus condiciones de vida desde que se agruparon en torno a una cooperativa de producción y comercialización de cacao
11 nov 2005 . Actualizado a las 06:00 h.Genaro Quispe visita España, invitado por Intermon Oxfam, para explicar las transformaciones que se pueden producir en zonas tan depauperadas como Bolivia, si los campesinos canalizan sus explotaciones a través del comercio justo. Genaro Quispe es subgerente de la Central de Cooperativas El Ceibo, una organización matriz de pequeñas cooperativas agropecuarias de la zona de Alto Beni (cuenca amazónica de Bolivia) que agrupa a 850 familiares y dispone de 250.000 hectáreas. -¿Cómo nació El Ceibo? -Hasta 1977, los campesinos se veían obligados a vender sus productos a bajo precio, incluso, fueron muchos los que dejaron el campo por no ser nada rentable. En 1977, la gente decidió organizarse para combatir el abuso de la empresa chocolatera más importantes del país. Se decidió no vender cacao a esta empresa y, luego, se asociaron, primero, en pequeñas empresas, y después en una central de cooperativas. Empezamos con doce cooperativas y ahora ya somos 38. -¿Aún no habían llegado al comercio justo? -No, fue en 1986 cuando entramos ya en los mecanismos del comercio justo. Esto ha sido para nosotros como una bendición de Dios porque recibimos un precio justo y razonable, lo que permite que nos fortalezcamos. Así, nuestra pequeña industria ha crecido, siempre dando beneficio a los productores del cacao. Estamos en esa vía hacia el desarrollo. -¿Cómo les ha beneficiado este cambio? -Por un lado, damos cursos de cooperativismo, liderazgo y tesorería para que los campesinos puedan admistrar sus pequeñas posesiones. Y por otro, generamos ingresos procedentes de las exportaciones hacia comercio justo. Estos ingremos nos permiten ayudar a los socios mayores enfermos, dándoles 300 dólares. También en las operaciones quirúrgicas les dejamos dinero y les condonamos un 30%, el resto, una vez que sanan, lo pagan con un trabajo liviano. El Ceibo distribuye beneficios en efectivos a los campesinos. -¿Y en cuanto a salarios? -En Bolivia, el salario mínimo es de 75 dólares, mientras que en El Ceibo es de 130 dólares. Además, realizamos una integración de género, con un 30% de puestos femeninos. -¿A cuantos países exportan cacao? -A siete países, pero de momento no sólo exportamos materia prima: cacao, manteca de cacao y cacao en polvo. Nos falta industrializarnos. -¿Tienen previsto dar ese salto? -Sí, pero todavía no tenemos la capacidad mecánica para poder manufacturar. -¿Cuál es el mayor problema al que se enfrentan? -Podemos tener muchos problemas si en la próxima cumbre de Hong-Kong no cambian las reglas internacionales de comercio a favor de los campesinos estaríamos en problemas. Sabemos que el problema siempre es el mercado. -¿Cuál es la posición del gobierno ante este tipo de cooperativas? -En Bolivia, a nuestra central de cooperativas la ven como una organización medio rara, porque está administrada por campesino no profesionales. En los últimos años, hemos mejorado algo porque hay mayor representación de los campesinos en el parlamento y algo nos relacionamos. -¿Son ustedes un ejemplo para otros campesinos? -Sí, muchos son los que quieren saber como hemos hecho porque es una cooperativa de campesinos. Tenemos capacidad y no existe corrupción dentro de la cooperativa. -¿Cómo controlan eso? -Tenemos un estatuto orgánico, un reglament y un manual de funciones. Hay fuertes castigos si alguien pensara en realizar malos manejos. Pero no es necesario porque hay una sana conciencia y todos nos sentimos como hermanos. Además, todos rotamos por los puestos directivos. -¿Cuálquier campesino puede ser socio? -El requisito es tener dos hectáreas de cacao, pero también pueden participar de otras formas. Quien aporta polem a la colmena tiene derecho a miel, decimos nosotros en la Central de Cooperativas.