Para Bob Dylan y para Manuel Olegario, la respuesta está en el viento. El músico americano, además de componer y cantar, también toca la armónica, que es una de las debilidades del vigués, aunque no tanto como el acordeón. Manuel Olegario es un experto que toca las teclas desde los 8 años, una afición que heredó de su abuelo y de su padre. Hijo de gallegos emigrados a Argentina, cuando la familia regresó a España, Manuel se buscó la vida como de relojero, un oficio que no ha abandonado, aunque ahora lo compagina con la reparación de acordeones y armónicas, que requiere igual destreza, así como la enseñanza de estos instrumentos. «Hace 15 años me dió la veleta y volví al acordeón -cuenta- y hace dos con más intensidad, ya que la relojería está en crisis desde que se hacen relojes de usar y tirar. Me fuí a Italia, a Castelfidardo, donde se hacen los Ballone Burini, y allí aprendí con los mejores expertos del mundo». Blues En su taller ubicado en los bajos de las galerías de Pizarro, 4, repara maquinarias (de las que dan la hora y de las que dan notas musicales), vende instrumentos y en un local anexo, imparte clases. A principios del mes pasado reinició su actividad en el Club del Armonicista y Acodeonista, tareas que comparte con otros músicos. El primer curso de armónica diatónica lo impartió Alfredo Vargas, del Trío Vargas, y ahora él reemplaza al maestro en las clases de los miércoles al cerrar el taller. Además, los sábados por la mañana es Eduardo Evans, «Edy el zurdo», un inglés de Birmingham afincado en Tomiño desde hace años, el que toma las riendas con la armónica de blues. Unas quince personas acuden a recibir las enseñanzas de ambos. El abanico de edades es amplio. «A cada grupo le doy lo que pide. Los críos vienen para saber tocar un instrumento y algunos adultos sólo quieren aprender canciones como la Rianxeira para divertirse y tocar en fiestas», cuenta, «pero a todos les enseño técnica con partituras». Manuel también está en la Sociedad Cultural Helios, en Bembrive, en el grupo de acordeones Algareiro y a dúo con Jaime Vilas. Ahora entre sus proyectos está ampliar el radio de acción y junto a sus compañeros proyecta presentar al Concello de Vigo un plan dar clases en los colegios. Músicos como Manuel, enamorados del viento, difunden sus bondades con el fuelle y el soplido en academias, clubes y centros culturales. Como Alfredo Vargas, como Jaime Vilas o como Elena Menchero, al rescate.