Vigo, la ciudad sin silencio

Laura Míguez Rúa
L. Míguez VIGO

VIGO

GUSTAVO RIVAS

Reportaje | Problemas de ruidos en la ciudad Las obras, el tráfico y los bares, principales culpables de los ruidos en la ciudad

30 sep 2005 . Actualizado a las 07:00 h.

Dan las once de la noche en el reloj. Es viernes y para muchos ha acabado la jornada laboral, comienza el descanso. Pero si vive en alguna de las zonas saturadas de ruido este momento se puede convertir en un infierno en el que gritos y música se conviertan en la nana para dormir. Las mismas once, pero para el propietario de un bar. Comienza la jornada. ¿Ruido?, sí. Pero es el trabajo. «El problema no viene por los bares con licencia, hace mucho más escándalo la gente de botellón. Además, el no dejar abrir más locales es una mera decisión política, una solución parcial», comenta Manuel, responsable de un local en la zona de Arenal, una de las marcadas como más ruidosas por el último estudio sonométrico. Pero la opinión de los vecinos dista mucho de la de los bares. «Vivo en frente de un local en el que hay música en directo y están siempre con la puerta abierta, estoy en un séptimo y a pesar de eso se escucha todo», comenta Berta Meijide, que reside en la calle Canceleiro. «En cuanto empieza a llover la gente se mete debajo de las casas a hacer botellón y hacen un escándalo horrible», asegura Jacinto Fernández. En la calle Pontevedra y en su entorno los residentes se lamentan. «Lo que iba para zona residencial al final es de marcha y de mogollón», apunta Manuel Muradas. Esta zona de copas por excelencia se expande hasta la paralela y el Arenal, para desgracia de los vecinos y beneficio de los locales. Y no todos recuerdan sus inicios del mismo modo. «Esto era zona de copas desde hace más de treinta años, si existen tantos locales es porque la ciudad lo demanda. En otras ciudades el Ayuntamiento habilita zonas en el extra radio pero aquí no hay, además deben estar bien comunicadas para que no haya problemas con los controles de alcohol», añade Manuel desde su local. A las molestias nocturnas se une el tráfico y las obras, que redondean las 24 horas sin silencio que se vive en la ciudad. «Nosotras para hablar por teléfono tenemos que cerrar la puerta, con los taladros todo el día delante no hay quien escuche nada», aseguran en la farmacia de la calle Alfonso XIII.