¿Quién le pone techo a Príncipe?

VIGO

M.MORALEJO

Reportaje | El futuro de la gran área comercial viguesa Anulado el primer concurso de ideas para cubrir la calle más céntrica de la ciudad, los comerciantes estudian convocar un nuevo concurso arquitectónico en el año 2006

27 sep 2005 . Actualizado a las 07:00 h.

Muchos se imaginaban paseando por la calle más emblemática de la ciudad y cuando mirasen al cielo encontrarse con un techo acristalado o paraguas de colores. Este proyecto tendrá que esperar. El concurso se ha quedado sin premio. La calle no se pondrá sombrero hasta que el jurado encuentre un proyecto viable. Aunque es probable que el próximo año se repita el concurso, «queda mucho por hablar», según los responsables de esta edición. Ante la desertización del primer premio dotado de 7.000 euros, el segundo y los accésit se sumaron para repartir a partes iguales entre las ideas más brillantes. Algunos de los ganadores asistieron ayer al Mercantil para recoger los 1.200 euros de su premio. Pero eso no significó que todos estuvieran contentos. Andrea Rodríguez y Verónica Zuñiga no quisieron desperdiciar la oportunidad de mostrar su malestar por el procedimiento del concurso. No están de acuerdo con que el próximo año se vuelva a celebrar y no tengan en cuenta sus proyectos. «Que pasa que los de esta edición somos tontos y los nuestros no valen. La justificación de inviabilidad es una excusa. El nuestro es de muy bajo coste». Estas jóvenes arquitectas proponían una cubierta individualizada. Cada ciudadano podía decidirse por un paraguas, un poncho o un sombrero de dispensadores situados en la calle. Una idea que los países nórdicos ya han patentado pero que dada la cultura española, sería de dudoso éxito. Los productos serían gratuitos y habría que devolverlos al final de la calle. «Lo normal sería que hubiese un debate público o que al menos los vigueses pudiesen conocer los distintos proyectos. Al fin y al cabo la calle del Príncipe es un emblema para la ciudad y todos tienen derecho a ver lo que se quiere hacer», reprochaba Andrea Rodríguez. El jurado, formado por arquitectos de toda Galicia, rechazó algunos proyectos por no adaptarse a la realidad de Príncipe. Y es que algunos no sólo sobrepasaban los edificios sino también las carteras de los inversores. Cubiertas acristaladas con formas hexagonales que se elevan a gran altura, como si el mismísimo Calatarva las hubiese firmado. Otras por el contrario ofrecían posibilidades semicubiertas para no dañar mucho la esencia de la calle. Pero ninguna convenció. Ni las caras, ni las modernistas, ni incluso las más asequibles. Nada se ajusta a la idea de los comerciantes y el jurado. Mientras ellos deciden, los vigueses se mantienen al margen de cualquier elección pública, pero son muchos los que creen que no se debería romper el misticismo de este icono de la ciudad. La idea se copió de una iniciativa propuesta en la década de los setenta por los comerciantes de entonces. Ahora, 35 años después los proyectos siguen sin cuajar. Quizás haya que esperar alguno más para que la calle del Príncipe se ponga el sombrero.