?n el verano de 1999, un estudio del Instituto Valenciano de Salud Pública sembró la alarma al asegurar que Vigo era la ciudad de España más contaminada y que su nivel de humos negros (entre el doble y el triple que Madrid, Barcelona o Bilbao) podía estar ocasionando muertes. Desde entonces, en numerosos análisis y comparecencias públicas se dieron por buenos los datos procesados por un equipo de la Universidad de Santiago. La polémica incluso llegó al Parlamento autonómico, donde se debatieron medidas de urgencia. El valedor do Cidadán, Luis Espada, también se agarró al estudio en el 2003 para demandar políticas más ecológicas. El tiempo ha demostrado que se partía de datos erróneos y que los medidores manuales que había en la avenida de Castelao, Gran Vía, Colón, Eugenio Fadrique, Travesía de Vigo, Plaza de América, Sagunto, Camelias y Sanjurjo Badía estaban estropeados y mal situados. ¿Cómo era posible que la contaminación atmosférica de Vigo fuese incluso mayor que la de una ciudad como Atenas? Una de las pocas voces discordantes fue la Corina Porro, hoy alcaldesa y entonces concejala de Sanidad. Demasiado sorprendente para una ciudad con mar y de tamaño medio. En realidad, los técnicos del laboratorio medioambiental del Concello eran conscientes desde hace años de la necesidad de modernizar los medidores de calidad del aire. La Xunta afirma que los equipos manuales que dieron pie a aquel alarmante y equivocado estudio ya son historia. Ahora, a juicio de la Consellería de Medio Ambiente, convendría que el Ayuntamiento también colaborase para financiar otros equipos automáticos como el de Coia y los de Citroën. A Coruña inauguró uno hace escasos días y Ourense se dispone a hacerlo.