CONTRASTES
31 ago 2005 . Actualizado a las 07:00 h.ADIVINANDO Baiona y la bahía, porque la neblina velaba la perspectiva, en Bahiña asistimos días atrás, una vez más, al exquisito obsequio que a un amplio grupo de amigos hace el doctor Julio Estévez cuando finaliza el verano. Se trata del anual Concierto de Jóvenes Intérpretes, del que son protagonistas Begoña, soprano, y Julia, flautista, hijas del prestigioso cirujano, ya con historial cuajado pese a los pocos años de ambas. La exigencia del programa puso de manifiesto que no se trata de un mero divertimento, sino de un concierto que en ámbitos profesionales han dado ambas artistas. Opera, lied, zarzuela para la soprano, y Mozart, Taktakishvili e Ibert para el delicado instrumentos de viento, que su intérprete ha de mirar de reojo dadas sus dimensiones y posición obligada. Probablemente, y pese a la pasión, más que afición, que por la música hay en nuestro medio, la generalidad de los aficionados aún desconozcan a estas dos jóvenes artisas cuyo talento merece goces más amplios que los pocos privilegiados de la ocasión que citamos. Si se dan con frecuencia oportundades a los jóvenes artistas plásticos por instituciones públicas y privadas, ¿por qué no, también, a los músicos que necesitan conciertos, actuaciones, audiencia, en fin, para ganar confianza y demostrar su talento? Puede que esté exagerando, y que a Begoña y Julia Estévez las conozcan y hayan aplaudido amplios auditorios. Mas me temo que no es así, aunque gocen de currículos internacionales y formación académica más que exigente, lo que garantiza el apoyo que pudieran recibir. Y es que escuchar tan exquisita música, presintiendo el mar, sería egoismo no trasladarlo a las multitudes.