ANTÍPODAS
26 ago 2005 . Actualizado a las 07:00 h.EN EL álbum de fotos que la edición digital de La Voz dedica a los incendios en Galicia, se ve a la gente, desde viejos a niños, tratando de apagar el fuego con ramas. Se ve a las llamas amenazar las carreteras. Se las ve cercando las casas y se ve a los vecinos angustiados. Uno se pregunta si serán los habitantes de esas zonas los «cómplices» de los incendios que agita tonante mi tocaya Narbona, ministra por la gracia de la cuota y algo más, que no le quito méritos. Pero los incendios la sacan de quicio. El año pasado acusó a los viticultores y ahora, al pueblo en general. Hasta hace nada, el fuego tenía por causa la errónea política forestal de la Xunta. Hoy las causas tienen nombres y apellidos. ¿Quiénes son? Parecía saberlo Quintana, quien los encaró como si los conociera de toda la vida: ¡que sepan que vamos a ir a por ellos! Como para echarse a temblar. Resultaría más verosímil con un sombrero vaquero y la estrella de sheriff. Y si fuera mejor actor. Pues tal que así, la escena no se la compran ni para un mal espagueti western, para ese momento en que los hombres salen de la taberna decididos a tomarse la justicia por su mano. Pasó el inefable del dolce far niente al Far West. Y los demás, de atizar la histeria colectiva a pedir calma y hablar de «tolerable normalidad». La tele oficial informa con tal asepsia de los incendios que, en efecto, resultan tolerables. Si algún concello, como el nuestro, protesta, se le manda al pasado. Y aquí paz y después gloria. Pues no hay quien fabrique la famosa alarma social. Ni los ecolos asoman la jeta. Es cosa de ver y admirar qué plácida se vuelve la vida, y cuánto todo se amansa, cuando gobiernan los buenos.