Sin Casco Vello

| YASHMINA SHAWKI |

VIGO

EL DINERO, como cualquier otro recurso material no es inagotable, lo sabemos los ciudadanos a los que tanto nos cuesta ganarnos el pan y los políticos que tanto tienen que devanarse los sesos para repartir los fondos de manera que todos los votantes queden medianamente satisfechos. Unos y otros tenemos que hacer «encaje de bolillos» para llegar a final de mes. Para las instituciones, la maniobrabilidad económica es menor que para las personas ya que ll reparto presupuestario es anual y salvo ingresos "extras" provenientes de las multas y licencias, la cantidad que se puede manejar es fija. En una ciudad grande y en constante crecimiento como Vigo la necesidad de inversión oficial es enorme por lo que el reparto equitativo de los fondos resulta una tarea harto difícil. La cuestión se complica cuando un evento como la Volvo Ocean Race amenaza con sacarnos los colores por el mal estado de nuestras calles. Para evitarlo, los ediles no han dudado en «tirar la casa por la ventana» adornando con plantas las calles «nobles» y reformando la zona de la Alameda, la cual, por proximidad al puerto, suele ser la más visitada. Podría decirse que ha sido una inversión pensada en términos de utilidad ya que, tanto el monto como el plazo de remodelación eran asumibles. Sin embargo, el Casco Vello, la zona que, más urgentemente precisa de rehabilitación y adecentamiento se ha quedado otra vez a «verlas vir». Es tanto lo que hay que hacer y tan complejo que resulta más cómodo obviarlo y dejarlo para mejor ocasión. Con tanta demora y tanta desidia resultará que cuando se pongan manos a la obra aunque haya fondos ya no quedará Casco Vello que conservar.