TODOS mis amigos que visitan Vigo me exponen sus duros reproches sobre esta ciudad. Nosotros, habitantes habituales, hemos internalizado todos los males con que nos acosa el molesto tráfago ciudadano. Viviendas carísimas y con mal aislamiento, humos, ruidos, tráfico espeso, zanjas, obras repetitivas, cambios de sentido de circulación, aceras desconchadas, robo de nuestro mar urbano, calles cerradas¿ Nada de eso parece afectar a nuestros visitantes, sino cosas que nosotros hemos internalizado como normales, a las que no prestamos atención; sus quejas más profundas son: Vigo es una ciudad muy sucia y muy mal alumbrada; de noche da miedo. A partir de esos comentarios, podríamos sacar conclusiones, alguna chocarrera, como que tiene tan pobre alumbrado para que no se vea lo sucia que está. Los grandes aluviones de personas de diversas procedencias que hincharon su población hasta su volumen actual, no ayudan a que Vigo sea una ciudad querida y mimada por y para quienes la habitan. Menos aún, la soberbia de quienes tienen genealogía viguesa y niegan ese estatus al resto de empadronados. Y, mucho menos, los afanes de tantos entre quienes conforman los grupos de influencia en esta ciudad: alma de mercachifles y endogamia. Parece que Vigo debiera estar volcada en uno de los eventos más espectaculares de su historia: la vuelta al mundo a vela, la Volvo Ocean Race 2005. Dense una vuelta por el puerto, admiren la magnífica tela sedosa anunciándola en hermosos tonos azules sobre una pared del Náutico. No sigan mirando, no bajen la vista, no lo hagan o sabrán de qué estoy hablando. a-barlovento@telefonica.net