Arriesgándonos a aparcar

VIGO

EL CRECIMIENTO del número de coches de Vigo no ha ido acompañado de un sustancial aumento de las plazas de aparcamiento. Cierto que las sucesivas Corporaciones Municipales se han esforzado por mantener el caos del tráfico con las diversas autorizaciones para la construcción de aparcamientos subterráneos pero, el aumento de estos estacionamientos no ha ido acompañado de un aumento de plazas gratuitas. Así, los vigueses, sólo podemos elegir entre intentar encontrar una plaza en la calle y pagar «la hora» o meter el coche en un párking privado y sufrir un atraco a mano armada. Las dos opciones suponen un desembolso de dinero pero, al menos, sirven para crear puestos de trabajo que, a su vez, cotizan a la Seguridad Social y pagan impuestos. Sin embargo, el ciudadano que paga no recibe a cambio la seguridad que cabría esperar. ¿Cuántas veces al intentar aparcar en la calle hemos tenido que enfrentarnos a esos siniestros personajes llamados gorrillas ? Esos aparcacoches espontáneos, con evidentes síntomas de ser consumidores de alcohol o estupefacientes, nos imponen con su presencia un "impuesto revolucionario" a cambio de "evitar daños a nuestro vehículo". El resultado es que, en lugar de limitarnos a pagar la tarifa de «la hora» nos vemos obligados a afrontar el «impuesto revolucionario». Y, por si fuera poco, tenemos que soportar amenazas e incluso insultos si hacemos caso omiso a sus exigencias. Uno no puede evitar sentir indefensión cuando, por el simple hecho de aparcar y negarse a financiar los vicios de algunas personas se tenga que soportar amenazas y coacciones. Y lo peor es que las autoridades no hacen nada para evitarlo.