¿Paranoias?

VIGO

OPINIÓN | O |

15 jul 2005 . Actualizado a las 07:00 h.

A ESO de las nueve de la noche del pasado miércoles, un graciosillo, por no llamarle algo peor, se dedicó a llamar a varios organismos de nuestra ciudad alertando sobre la colocación de una bomba en el mayor centro productivo de Vigo. Con la serie de atentados que se vienen produciendo, no sólo fuera sino dentro de nuestro país, los responsables de la empresa decidieron que una amenaza así debía de tomarse en serio y ordenaron desalojar el lugar. Consideraron, con muy buen criterio, que ninguna producción vale lo que una vida humana. Afortunadamente, todo resultó una falsa alarma y no se produjo ningún daño material ni personal, a excepción del perjuicio económico. Valorado el coste que un falso aviso de bomba produce, nos queda por determinar la alarma social y la sensación de inseguridad que se genera en la ciudadanía. Y, ya se sabe, cuando los seres humanos nos sentimos amenazados tendemos a protegernos con todos los medios a nuestro alcance sin pararnos a pensar en todo aquello que se daña por el camino. Ahora que se habla tanto de la necesidad de controlar las comunicaciones privadas y de restringir el libre movimiento de las personas, incluso en el «espacio europeo», no podemos dejar de denunciar que las alternativas que buscarán los criminales para lograr sus fines serán capaces de superar todas esas trabas. Sin embargo, el recorte en las libertades y el riesgo de provocar una desconfianza generalizada que puede derivar en agresiones descontroladas, no aconsejan estas medidas aunque sí otras más adecuadas. Y es que, los límites entre sensatez y paranoia son muy difusos, hasta en Vigo.