Destino no turístico

| YASHMINA SHAWKI |

VIGO

ME COMENTABA un visitante de nuestra ciudad lo poco agradable que resulta pasear por Vigo pese a las grandes posibilidades que tiene. Si la estructura montañosa requiere un esfuerzo físico importante para ascender por sus laderas, el exceso de tráfico convierte cualquier caminata en una actividad estresante. Pero, incluso a pesar de estos inconvenientes, insistía mi conocido, el turista que se acerca puede afrontarlos sin demasiadas quejas con tal de poder disfrutar de una amplia oferta de entretenimientos. El clima, por regla general suave y agradable, la abundancia de comercios y la aceptable oferta de exposiciones constituyen los atractivos más conocidos y explotados de Vigo. Sin embargo, los visitantes se van de la ciudad con un gusto amargo en la boca. Pasear por la zona de las Avenidas resulta descorazonador. Las frescas sombras de los árboles son inexistentes en el lado que da al mar, con lo que recorrer la larga pasarela pétrea en días de fuerte canícula, como viene siendo cada vez más frecuente, requiere un gran valor. El edificio del Náutico en franca decadencia, el enorme vallado de la parcela da Laxe que no deja espacio para los peatones, el nadador agonizante y el esperpento de la Estación Marítima no incitan a recorrer un tramo ya de por sí inhóspito. La Alameda, uno de los pocos lugares de esparcimiento verde de la ciudad y, el único en la zona más noble, parece una zona de combate. Bien es cierto que estas obras, si no ocurre nada que lo impida, acabarán por finalizarse en unos meses. Pero, el resto, no parece que pueda mejorarse en unos años, un tiempo precioso para hacer de Vigo un interesante destino turístico.