LA VOZ | O |
23 jun 2005 . Actualizado a las 07:00 h.EN Madrid, y en la vela española, cuando se habla de Rafael Olmedo se respira el respeto que inspira un hombre de honor. Con el currículo más brillante que pueda ofrecer un dirigente español en cualquier modalidad, Olmedo ha navegado con la cabeza alta y la mirada al frente en beneficio de Baiona, de Vigo, de Galicia y del deporte español. No han sido sólo sus excelentes relaciones con la Casa Real, donde nos consta que es querido y admirado, con la Armada y sus personalidades más relevantes, donde su nombre suena con afecto y reconocimiento, sino sus méritos de cada día a pie de obra los que lo han aupado al lugar de privilegio que toda España le otorga. Rafael ha levantado Baiona y el Monte Real Club de Yates al primer lugar de la vela española e internacional. Las comodidades infinitas que el club ofrece a sus navegantes, socios y visitantes, el aroma confortable de su aire marinero y de sus elegantes maderas, la puesta en marcha de la nueva Escuela de Vela, la repercusión periodística del club tanto en beneficio de la localidad como de la institución, así como la vinculación directa del Monte Real con las principales competiciones deportivas del mundo, con los navegantes de mayor prestigio y con las entidades que patrocinan y sustentan este bellísimo deporte, forman parte del equipaje, cargado y meritorio equipaje, del presidente del respeto. Rafael Olmedo, un hombre hecho a sí mismo, curtido por los aires del mar y los huracanes de tierra desde su edad más temprana, acomete ahora la renovación de las estructuras del Club de su vida, el refresco de nuevos miembros en la junta directiva, el aire cálido de la experiencia vertido en armonía con las nuevas generaciones, con la savia joven de la vela y del deporte gallego. Baiona y el Monte Real le deben mucho a este hombre, a este caballero, que ha dejado sus mejores años en la lucha por la defensa de sus socios, de sus compañeros. Galicia debe mostrar el orgullo de contar entre sus filas con hombres de honor como Olmedo, una especie en vías de extinción, ejemplar de los que ya no quedan y que garantiza a la vela de su tierra y de sus mares la sanidad, la solvencia y el respeto que solo los que son como él pueden alcanzar para regalárselo a los suyos. Bien es verdad que Baiona se lo merece.