ANTÍPODAS | O |
21 may 2005 . Actualizado a las 07:00 h.DICE el refrán que segundas partes nunca fueron buenas. Pero ahí está la del Quijote, que para algunos es mejor que la primera. Toda regla, dirán los refranistas, tiene su excepción. Y no sé si entrará en las salvedades la resucitación de la Batalla de las Flores que ha practicado el Ayuntamiento. Espero que sí, pues cuando escribo aún no se ha celebrado el evento, que ha tenido un destino guadianesco. Se hizo en tiempos, se dejó de hacer, volvió a finales de los sesenta, desapareció otra vez y ahora, el regreso. No sé si le quitará público La Guerra de las Galaxias , cuyas segundas partes nunca fueron tan buenas como la primera. En fin, que siga el espectáculo. Pues está el patio como para comprarse un lote de entradas a sesiones dobles de cine y no salir de allí. Claro que aquellas sesiones se fueron para no volver. Y bien mirado, no se descarte que se encuentre medio país metido en el cine. En pantalla se ofrecen imágenes y sonidos tranquilizantes: calma, que no pasa nada. Todo bajo control, como dice el vigilante tonto en las pelis de acción, cuando se desmorona el edificio, los ladrones entran en la caja fuerte y el asesino va a ceñirle la garganta con un cable. Los gobiernos tienen por costumbre darle un tono rosáceo a la imagen. Ahora, al colorete se le añaden muchas gotas de confusión. El rouge y ese elixir embotador son las armas de seducción y al que no caiga, palo y tentetieso. Si uno se resiste al optimismo obligatorio, deviene agorero o loco. Lo que me recuerda al Destornillo. Que era aquella fiesta de los peritos, que también en primavera, desfilaba por el centro con sus carrozas cutres, llenas de chistosa mala intención. Con su acidez no corrosiva, era el contrapunto que pedía la dulzura de las flores.