Reportaje | Patrimonio histórico En los últimos diez años han ido apareciendo numerosos vestigios del pasado romano de la ciudad
03 may 2005 . Actualizado a las 07:00 h.Ya es curioso que en la única zona de la ciudad donde es obligatorio realizar análisis arqueológicos, el pasado emerge a diario reclamándonos atención. Esta misma semana, aparecía un horno romano, todavía por concretar su importancia histórica, en la calle Pontevedra. Fue aproximadamente hace algo más de diez años cuando el gobierno local decidió calificar a buena parte del centro urbano como área de protección arqueológica, obligando a los constructores a contratar equipos de arqueólogos para que éstos comprobasen el estado del subsuelo del solar a construir. Y surgió un importante pasado romano, ya apuntado en los años cincuenta por las 29 estelas y aras halladas por Álvarez Blázquez en la calle Pontevedra. En 1992 y 1993 se realizaron las primeras campañas sistemáticas en las calles Hospital y Pontevedra, arrojando la presencia de restos de calzadas, construcciones portuarias y ánforas de transporte marítimo. Todo apuntaba a que entre los siglo IV y VI, el Vigo galaico-romano tenía cierta importancia en el comercio a larga distancia. Dos años antes, en el edificio Ferro (actual biblioteca pública central), se encontraba el primer yacimiento del Vigo urbano con localización de estructura y materiales de época romana in situ. Las dataciones se situaba en torno a los siglos III-IV. Mucho más importante fue el resultado de la segunda campaña en la calle Hospital, hoy Inés Pérez de Ceta, desarrollada entre 1995 y 1996. Allí, entre otros muchos restos de épocas posteriores, apareció una necrópolis que se iniciaba en el siglo II y permanecía hasta el VII. Los expertos hablaron entonces de unas formas de enterramiento correspondientes a un momento de transición entre las tradiciones paganas y las cristianas. Más tarde, en 1999, durante la investigación arqueológica previa al inicio de la construcción del centro de atención primaria de la calle Rosalía de Castro, brotaba un poco más del pasado latino de la ciudad. Junto a nuevos restos del asentamiento de la calle Pontevedra, aparecía una salina del siglo I. En este caso, la salvación del yacimiento estaba asegurada al ser la Xunta la propietaria del terreno. El edificio se construyó pero aún no están las salinas expuestas al público. Factoría La guinda del pastel romano fue puesta por un equipo de arqueólogos de la empresa Anta de Moura, cuando localizaban en el 2003, en un solar de la calle Marqués de Valladares, una factoría de salazón de pescado perteneciente a finales del siglo I. No era la primera que se encontraba en Vigo, pero sí la primera situada en el casco urbano. Además, las grandes dimensiones del enclave industrial hacen prever que estaba enfocado hacia la exportación de pescado. El futuro de estas ruinas está pendiente de la negociación que deben mantener los propietarios del solar y el Concello.