Análisis | Consecuencias del adelanto electoral en la ciudad La nueva Xunta tendrá que decidir sí retoma un sinfín de obras planteadas o se las replantea
26 abr 2005 . Actualizado a las 07:00 h.Sólo el que gobierna puede cumplir o no los proyectos e inversiones públicas prometidos. Manuel Fraga se enfrenta por voluntad propia a un examen adelantado al que, en unos casos por cuestión de meses y en otros por años de retraso, Vigo llegará con al menos una veintena de obras, propuestas e inversiones sin ser convertidas en realidad y que él mismo, o un nuevo presidente tendrá que afrontar para atender necesidades acuciantes, largamente debatidas y demandadas. El gran debe de la Xunta con Vigo es la aprobación y puesta en marcha del Área Metropolitana. Prometida personalmente por Fraga para antes de las elecciones del 2001, se convirtió de nuevo en compromiso del presidente y el conselleiro Palmou para la legislatura concluida esta semana. Pero esta vez tampoco. Los catorce municipios del futuro organismo y sus 462.000 habitantes volverán a oír a buen seguro que la ley del Área Metropolitana de Vigo será la primera de la próxima legislatura, pero puede pasar de todo. Estaba llamada a ser la gran realización industrial de Galicia y el norte de Portugal, pero todavía no ha superado ese trámite, el del de ser un proyecto. El próximo año la primera fase del llamado puerto seco tendría que estar produciendo riqueza y con suerte será escenario del ir y venir de camiones cargados de tierra. La Xunta sigue sin encontrar una salida y pactar un valor del suelo para hacerse con los terrenos. Tampoco ha avanzado sobre la construcción del vial de cinco kilómetros que deberá unir dicha plataforma con la autovía A-52. Cascos ya le había dado calabazas con el vial a Fraga y Magdalena Álvarez hace suyas las tesis de su predecesor. También el año próximo debería estar rematado el enlace del parque industrial de Balaídos con el segundo cinturón. El dinero lo pone Zona Franca, las obras y los terrenos la Xunta, así lo acordaron en el 2003, pero hasta ahora no se ha superado más que la ejecución de las expropiaciones. Las tres presentaciones del entonces conselleiro de Obras Públicas José Cuiña sobre la recuperación del Casco Vello vigués, sólo han servido para que la cifra de inversión prevista vaya creciendo. De los 15 millones de euros iniciales se ha llegado a los 30, pero el consorcio formado con Concello, Zona Franca y Xunta queda ahora congelado. Una veintena de pisos en la Herrería y la cesión gratuita del Cambón para usos compartidos entre la Xunta y el Ayuntamiento, es lo único visible, aunque en el caso del inmueble oficial todavía no es palpable ni se sabe a qué va a ser destinado. El medio millón de habitantes del área metropolitana requieren una urgente desmasificación de los servicios médicos. El anterior conselleiro del ramo, Hernández Cochón, concedió a Vigo su deseo de tener un tercer hospital público y su sucesor, José Manuel González, concretó en los presupuestos de la Xunta de este año una partida de 750.000 euros de los 35 millones necesarios para construir y dotar el inmueble. Por ahora sólo se conoce que se asentará en una parcela de Beade. Algo similar ocurre con los centros de salud. San Roque, Seara, Bouzas, Balaídos y O Calvario esperan por ellos tras serle prometidos, así como las guarderías de Saiáns, Calvario y Valadares, fruto ya de convenios preelectorales. Se adjudicó en la primavera del 2001, y se ideó años antes, pero en la parcela de Casa Mar no se encuentra el auditorio. Siguen estando las ruinas de Casa Mar y evidenciando la falta de apuesta en el área cultural de la Xunta hacia Vigo, donde por ejemplo elude un museo como el del Mar de Galicia, a pesar de que fue el propio Gobierno el que lo impulsó. El prometido multiusos de Coia, el polideportivo de Oia, el centro de investigación de Bouzas, el parque de bomberos, o la Ciudad de la Justicia, forman parte del territorio de los misterios.