Reportaje | Cuando el anticonceptivo falla Un rato de pasión y un preservativo mal colocado dejaron presa de la ansiedad y los sudores fríos a Alexandra F., una joven que cuenta cómo en dos horas alejó toda posibilidad de embarazo
02 abr 2005 . Actualizado a las 07:00 h.Nadie duda de que la maternidad es cosa seria. De ahí el tembleque que provoca la posibilidad de una preñez involuntaria. Lo sabe bien quien lo vivió en sus carnes. Es el caso de Alexandra F., una joven que hace unas semanas se vio al borde de un precipicio que no estaba en el mapa. Cuenta que no fue la negligencia la que la dejó a los pies de los espermetazoides, sino la coincidencia en la misma cama de la mala suerte y el error de cálculo: un preservativo mal puesto y un exceso de pasión hizo que el anticonceptivo perdiera la esencia que le da el nombre y la utilidad. El susto inicial, mezcla de nervios y sudores fríos, dio paso a la desorientación. Y no por falta de información, que haberla hayla, sino por no disponer de ella en un momento clave. «No sabíamos dónde estaba el centro de planificación familiar y era domingo. Así que mi chico y yo llamamos a una clínica abortiva de Vigo que figuraba en la guía telefónica, pero nos dijeron que ellos no prescriben la píldora del día después. Nos aconsejaron que la pidiéramos directamente en una farmacia», relata Alexandra. Dicho y hecho. O casi: primero tuvo que buscar una farmacia abierta en domingo, un trámite sencillo pero capaz de multiplicar los sudores de quien no desea el embarazo que se le viene encima. «Y lo peor es que cuando encontramos la farmacia nos dijeron que no nos la daban y nos mandaron al hospital a por una receta», dice, criticando un comportamiento también descalificado por muchos profesionales médicos. En el Xeral el drama se convirtió en anécdota en cuestión de tres minutos. Un nombre, una firma y una breve consulta sirvieron para fabricar la perseguida prescripción facultativa. «La doctora me preguntó qué quería y, antes de que le contase mi película del condón fallido, susurro un 'lo de siempre' y me entregó la receta sin más», narra divertida Alexandra. El mal trago pasó una vez engullidas en un intervalo de doce horas las dos píldoras prescritas, que zanjaron dos horas en las que el susto y la ansiedad fueron más embarazosos que el riesgo real de la situación.