Del cuento

CRISTINA LOSADA

VIGO

ANTÍPODAS | O |

02 abr 2005 . Actualizado a las 07:00 h.

AL FIN ALGUIEN se atreve a decirlo desde un cargo público: «hay que desembarazarse de la cultura de la subvención». Se refería a Galicia, sitio no tan distinto, el conselleiro de Pesca, Enrique López Veiga. Y para ir haciéndose a la idea que la ubre europea se secará dentro de unos años, sin que ello deba entenderse como un drama, género al que hay mucha afición. El que no llora, no mama, es por aquí un dicho usado y practicado. No voy a discutir su carga de razón. Pero que tenga éxito esa actitud no quiere decir que sus efectos sean positivos. A la larga, son nefastos. El empeño en mejorar se sustituye por el empeño en parecer que se está peor de lo que se está. Se llora sin motivo, y si el truco funciona, uno se especializa en ese teatro. La subvención puede ayudar en un momento, pero como norma de vida, sea económica o cultural, resulta destructiva. Se incentiva la picaresca. Vivir de la sopa boba es muy cómodo mientras dura, pero cuando se acaba, ¿qué? No vivimos en Jauja y ni los jamones ni los dineros crecen en los árboles. Si uno ha estado tumbado a la bartola recibiendo el maná, no tendrá ni para pipas cuando deje de caer. Será como un niño abandonado e indefenso, pero maleado. Para vivir del cuento, hay que tener la escuela del Buscón, que aun así las pasó canutas. Parece increíble que haya que decir que Galicia no es una región tercermundista. Si bien, como en todas partes, hay rincones y rasgos que en sentido figurado lo son, el nivel de vida de que se disfruta no puede ni compararse con el del Tercer Mundo. Ni con el que tenía la región hace veinte años. Pero hay un alma victimista y llorona que encuentra placer en los panoramas catastróficos. closadafernandez@yahoo.es