CONTRASTES | O |
23 mar 2005 . Actualizado a las 06:00 h.AVENTURA fallida, aunque encantadoramente quijotesca, fue la Escuela Municipal de Teatro que puso en marcha la ex concejala de Cultura, Maite Fernández, y que murió infanta, por abandono municipal de una corporación en la que el alcalde, de escasa y negativa memoria, era educador de profesión, aunque quizá su media carrera apenas le había penetrado, tan interesado como estaba por ditirambos nacionalistas. Fue un relativo fracaso tal Escuela porque aunque contaba con un excelente y experimentado director y un plantel de profesorado de vocación irreductible y entrega entusiasta, apenas tenía presupuesto y, además y sobre todo, funcionaba en lugar tan inaccesible, el llamado Monte de la Mina, m ás o menos donde Cristo dio las tres voces, que hacía falta valor para acudir cotidianamente a las clases. Tan lejos era el lugar, que el alcalde no se dignó acudir a las funciones de fin de curso, pese a contar con coche oficial para evitarse la larga caminata. Sin embargo, en Vigo hay afición al teatro. Mucha afición, desde los tiempos de la agrupación Martín Códax, anterior a la guerra civil, que dio actores profesionales de fama nacional, hasta esos cuasi profesionales que en cualquier salón o local ofrecen, gentilmente, teatro leído. Cuando algún día llegue a funcionar el teatro Fraga renovado, tras la reforma a que va a someterlo Caixa Galicia, y prosigan las nunca bastante elogiadas programaciones de Caixanova, será tarde para plantearse si deberíamos tener una compañía estable y una escuela, universitaria o no, que tanto monta, que forme los actores que nutrirían ese elenco. El cualquier caso, lo peor es simplemente olvidar.