Reportaje | Consecuencias del cambio climático Aunque la subzona rosaleira goza de un microclima especial, los viticultores están muy preocupados por la escasez de agua con la que afrontan la brotación
15 mar 2005 . Actualizado a las 06:00 h.Los viticultores de la subzona rosaleira tienen puesta su mirada en el cielo y en las predicciones meteorológicas. Todos confían en que la lluvia haga su aparición en breve y se consiga remontar la situación pero tampoco ocultan su preocupación. Tanto el enólogo de Lagar de Fornelos, Ángel Suárez, como el director técnico de Terras Gauda, Emilio Rodríguez Canas, coincidieron en señalar ayer que las excepcionales y bajas temperaturas registradas en los últimos meses no han afectado a las plantas, aunque sí han retrasado ligeramente la fase de brotación, entre ocho y diez días, en una altura en la que lo habitual es que ya haya brotes en los viñedos. Ángel Suárez recordó que las heladas nunca afectan tanto a la subzona, donde no se baja de los menos 2 grados, como a otras, en las que se alcanzan los menos 17 y pueden dañar a las plantas en la parada invernal. Las bajas temperaturas ayudan además a que se reduzca las poblaciones de insectos. No en vano la sabiduría popular recoge que «año de nieves, año de bienes», añadió. Rodríguez Canas también destacó que el frío fue beneficioso porque la planta necesita reposo por debajo de la temperatura media. Los dos esperan que ahora, durante el momento clave de la brotación que comenzó esta semana, se mantengan las altas temperaturas y se recupere el proceso aunque «es muy raro que haya grandes diferencias de tiempo para la vendimia». Brotación El tema de la sequía es más grave aunque también el microclima de la zona les hace ser optimistas. En regiones como Andalucía o Extremadura es más difícil que llueva a partir de marzo pero en Galicia aún es posible que se remonte la temporada si cae la suficiente agua durante los dos próximos meses. Por ello están pendientes del cielo y de las previsiones. Suárez manifestó ayer que la «situación aún no es peligrosa aunque sí preocupante, confiamos en que a partir del fin de semana comiencen las precipitaciones». Claro está que «nunca llueve a gusto de todos». Los viticultores también necesitan agua pero que llegue de forma escalonada y continua, que penetre en la tierra. Y es que para que las plantas puedan brotar en condiciones, explicó Rodríguez Canas, necesitan recoger todos los elementos nutritivos, minerales que están en el suelo o se le aportan, a través de las raíces y, para ello, necesitan humedad. «La situación empieza a ser complicada porque no hay reservas hídricas y los acuíferos están bajo mínimos», manifestó. En todo caso, si se llegasen a producir las tan esperadas lluvias, los controles fisiosanitarios tendrán que ser también más constantes ya que la humedad asociada a las altas temperaturas que, en teoría, también se deberían mantener, fomentan los ataques de hongos, como el mildiu. Hasta que termine la brotación, en mayo, no se pueden hacer previsiones porque esta fase será la que determine la cantidad de la futura cosecha y nunca se han enfrentado a una caso así. Nadie se atreve a hacer valoraciones porque ya todo depende del tiempo y éste parece dispuesto a no hacer concesiones.