Privado

CRISTINA LOSADA

VIGO

ANTÍPODAS | O |

26 feb 2005 . Actualizado a las 06:00 h.

NO me gusta el proyecto de Auditorio que se prepara. Ni la ubicación elegida ni la solución arquitectónica son para tirar cohetes. Pero tampoco me convencen las razones que se alegan para justificar la paralización del expediente por parte del gobierno central. El fin no justifica los medios, por lo que no me voy a apuntar a los argumentos de Pérez Mariño, de los que aquí se daba cuenta el otro día. Mariño alega que el Estado no debe regalar sus propiedades a la iniciativa privada, lo que parece razonable, pero resulta que a cargo de ella correrá la mayor parte de la inversión. Apunta como solución que la Xunta aporte más dinero, a lo que conviene recordar que los fondos que ella maneja no los recoge en los árboles, sino en los bolsillos de sujetos privados. Y aduce que el proyecto no es de interés social, para darle la razón a Madrid en su renuencia a una cesión gratuita de los terrenos. Eso del interés social es un concepto chicle. Si hubiera dicho: el proyecto no es de interés, y punto, lo apoyaría. Porque ésa es la cuestión: si el Auditorio precisa de la inyección de dinero público y de la implicación del Estado, ello significa que la iniciativa privada, por si sola, no lo haría. Y ello quiere decir lo siguiente: no responde a una demanda del mercado y, por lo tanto, no será rentable. Lo cual lleva a otra conclusión: si no resultara rentable, ya sabemos quién pagará la factura, el contribuyente, que es un ser privado, aunque no lo sean tanto sus ganancias. Habrá que cruzar los dedos o tocar madera. Todo este follón entre Administraciones, más la aportación del erario, nos lo hubiéramos ahorrado si el Auditorio fuera un proyecto exclusivamente privado. Claro que, como queda dicho, tal vez entonces no se construiría.