Entrevista | Antón Lois Denuncia que las playas están desapareciendo a base de espigones, rellenos y puertos deportivos, aunque considera que hay soluciones para el medio ambiente si se ponen en práctica
26 feb 2005 . Actualizado a las 06:00 h.?lrededor de treinta años de militancia avalan el espíritu ecológico de Antón Lois. En este momento forma parte del grupo internacional Amigos de la Tierra, aunque su voz sigue resonando con fuerza para denunciar todo lo que perjudica al medio ambiente y, por ende, a la calidad de vida en la ciudad olívica. «Vigo se comió a la naturaleza, los coches se comieron a la ciudad y, ahora, estamos intentando que vuelva a ser vivible», manifestó. -¿A qué se debe esta situación? -Sobre todo a que no existió una planificación de la ciudad que contemplara el medio ambiente. Así se explica la alta contaminación por la polución. Han pensado más en los edificios y en los coches que en la gente. También sucede que vivimos de espaldas a las cosas que realmente necesitamos. Vigo vivía fundamentalmente del mar, pero se sigue maltratando la ría desde que empezaron los problemas de denuncias por vertidos. La depuradora del Lagares sólo lo hace al 50%, pese a más denuncias y a las protestas de los vecinos. Se puso otra pequeña depuradora en Teis, pero con idénticos problemas. -¿Qué opina de un Plan General que contempla la construcción de rascacielos? -Considero que es una trampa, al plantear que para tener zonas verdes no haya otro remedio que hacer rascacilos, porque estoy cansado de ver ciudades de 300.000 habitantes donde tienen enormes parques y, sin embargo, los edificios no rebasan los ocho pisos. Además eso, antes, se definía como un simple pelotazo, mientras que, ahora, se nos presenta como la única solución. -¿Siguen presentando denuncias por agresiones al medio ambiente? -Sí, desgraciadamente. Hace siete años hicimos un recorrido por el río Lagares, que tiene una longitud de unos 9 kilómetros, y llegamos a presentar en ese día 240 denuncias, pero, ahora mismo, nos encontramos con que la situación no ha cambiado mucho, aunque sí es cierto que ha mejorado el problema con los vertidos industriales, en gran medida porque se han conectado casi todos los colectores con la depuradora. Pero aún se producen vertidos a la ría y al Lagares. -¿Y lo de abrir Vigo al mar en qué se ha quedado? -En la práctica cada vez lo veo más cerrado y no hace falta más que superponer fotografías para comparar el Vigo de los ochenta o noventa con el de nuestros días, pues veremos con claridad que la diferencia es notoria. Tampoco se puede discutir que las playas están desapareciendo. Simplemente, a base de espigones, rellenos y puertos deportivos, lo que hacemos es cambiar la dinámica del litoral. Si la arena circulaba de una manera y se depositaba en Samil, ahora, ya no sucede igual y no es suficiente con echarle unos camiones de tierra. Plantearse este tipo de soluciones es tan absurdo como una batalla entre el océano Atlántico y el Concello. Apuesto que siempre ganará el primero, debido a que no tiene días libres y, por mucha arena que se ponga, si el mar se empeñe en quitarla, no hay nada que hacer. -¿Qué se necesitaría para que cambiará diametralmente la situación? -Soy optimista si los ciudadanos y los políticos muestran valentía para cambiar las cosas, porque medios y soluciones hay. Falta la decisión. Lo que ocurre es que el medio ambiente aún no da ni quita votos. Al no tener coste electoral es más difícil que se impliquen.