La Mirilla
23 feb 2005 . Actualizado a las 06:00 h.No sé si los amigos de Laxeiro han pisado Normandía, pero lo que no perdonan es el obligado desembarco en el Puesto Piloto cada 23 de febrero. Coincidiendo con el nacimiento del pintor (ayer hubiera cumplido 97), organizan una comida de invariable menú y agradable conversación. Hay comensales fijos desde que el propio Laxeiro instaurara la cuchipanda, y los hay fijos-discontínuos en función de las tiranas agendas. Nunca bajan del medio centenar. Con el paso del tiempo se han ido incorporando novedades, como la concesión del Premio Fundación Laxeiro. En esta ocasión el destinatario ha sido Fernández Gayoso. Es, según Javier Buján, la forma de reconocer su iniciativa en el apartado del patrocinio cultural en Vigo. Buján contó también a los presentes (Camilo Nogueira, Antón Pulido, Manuel Soto, Victoria Lodeiro, Solveira o López Chaves, entre otros) los planes para este año. Pasan por acabar el catálogo universal del pintor, o montar la exposición de Buenos Aires, con más de 60 piezas inéditas de colecciones privadas, que intentarán traer a Galicia. Quedamos a la espera. Otro desembarco fijo Pero fijo, fijo. Es el de Os de Lugo en Vigo , que también tiene escenario fijo, en este caso el hotel Lisboa. Cada año, en cuanto el Carnaval se despide Polo Rodríguez Lázare, uno de los inventores de la comida (que ya va por la tercera década), hace las señales de humo de rigor y todos se dan por convocados. El encuentro tiene su ritual. Por ejemplo, siempre hay placa para el más veterano (que no el más viejo). Esta vez el adjudicatario fue Victor Moro. Tampoco quisieron perderse la cita José María Palmeiro, Pepe Sainz o Daniel Cortezón y su mujer. Curiosamente ésta ha sido una de las contadas féminas que se ha colado en tantos años de citas. Dicen que no es una cuestión de machismo, que si llegan son bien recibidas. Amén. En tiempo y forma. Ésta si que no necesita ayudas a la navegación para aterrizar. Acaba de hacerlo (con el alborozo consiguiente) en casa de Jorge Lamas y Maite Quiñones. La carga que portaba en el pico no puede ser más dulce. Poco hay que contar de los encantos de Celia, que así se llama el bebé. A la foto me remito. En eso se parece a su hermano Lucas. Ahora sólo falta que sea igual de buena que él. Si es así Jorge tendrá que buscarse una disculpa creible cuando llegue a trabajar con ojeras, porque lo del llanto nocturno no va a colar. Confío en que haya comprado baberos suficientes (para él, digo), porque no da abasto a empaparlos. Pues eso. Un día agarró el portante y, sin hacer ruido, se marchó. Ahora Joan Bautista Humet vuelve. Sólo bajé a buscar tabaco , explica en el disco que estos días promociona en Galicia. Ayer lo hizo en Radio Voz. Según le explicó a González Martín el 18 es su número. Tenía esa edad cuando empezó a cantar; vivió de la música durante el mismo número de años y, curiosamente, son los que llevaba también a la procura del tabaco. Lleva tres años y medio componiendo nuevos temas. Sus letras sigen hablando de valores y libertad. «Hay democracia, pero no está todo hecho». Palabra Clara de Humet.