OPINIÓN
02 feb 2005 . Actualizado a las 06:00 h.SI ACEPTAMOS que la Unión Europea es un proyecto de vida común en paz,deberíamos recordar que los visionarios de la nueva Europa fueron tres europeos nacidos en tierras fronterizas y, por lo tanto, testigos y víctimas de lo que los nacionalismos feroces pueden provocar. Los tres eran católicos, Robert Schuman de L'Alsacia, unas veces alemana y otras francesa, Konrad Adenauer de la zona del Rhin igualmente repartida entre los mismos poderes y Alcides de Gasperi nacido en Trieste, sabedor de las guerras entre Austria e Italia. Los tres eran conscientes de que las fuentes de riqueza eran la razon de las guerras y su proyecto , igual que los proyectos surgidos desde la aparación del estado moderno, buscaba una paz perpetua entre los Estados,paz sólo garantizada por la misma fuerza que la imponía y tan duradera como el equilibrio de fuerzas que la soportaba. Pero una paz estable entre Estados exigía mucho más. Los fundadores ( Schuman) ya predijeron que la construcción europea no se iba a hacer de un solo golpe, sino a través de un largo proceso. Desde la declaración Schuman en 1950 se dieron pasos decisivos en la construcción europea.Roma 1957 el que más, pero Maastricht, Amsterdam o Niza son hitos trascendentales. Simultánea a la integración que representa cada tratado, las ampliaciones sucesivas nos hicieron pasar de los seis Estados miembros iniciales a los veinticinco actuales, y bien pronto veintisiete. Con Turquía a la puerta y Ucrania postulandose candidata. En esta evolución, con el nivel de integración logrado y con las ampliaciones llevadas a cabo,más lo que se avecina ,Turquía por situación geografica población y extensión exige una reflexión, era el momento de buscar y definir nuestra identidad. Y aquí cobra todo su sentido el Tratado por el que se establece una Constitución para Europa.Era preciso definir el papel de Europa en el mundo, sentar los principios con arreglo a los cuales se forja la construcción de un futuro comun, coordinar las politicas de los Estados miembros, determinar las competencias de la Union y las de los Estados y los criterios conforme a los cuales se va a construir nuestra relación de ciudadanos europeos. Representa la Constitución Europea el último impulso en lA construcción de la nueva Europa, que nace de la voluntad de los ciudadanos y de los Estados de construir un futuro comun. Y la posibilidad de sentirnos ciudadanos europeos, en un espacio de libertad , seguridad y justicia, que felizmente es mucho más que un mercado único. Porque debe ser muy difícil amar a un mercado por muy único que sea. Quizá desde ahora hemos de repartir nuestra adhesión emocional, el esfuerzo fiscal, nuestra acción participativa y también la reivindicativa entre los cuatro niveles, local, autonómico, nacional y europeo desde una ciudadanía a la vez transnacional y postnacional; «trans» porque desborda los límites territoriales y jurídicos de los Estados miembros y «post» porque no se funda en una entidad colectiva primordial de raza, lengua, tradición o religión. Ciudadanía desnacionalizada que nos una más a Europa. Ciudadanía que desde la periferia europea nos permite, con base en la propia Constitución exigir, al lado de la cohesion económica y social, cohesion territorial (art III-220). Cuestión no baladí cuando de la finalización de los fondos europeos se está hablando tanto.