La Mirilla
25 ene 2005 . Actualizado a las 06:00 h.Si en alguna obra se hace particularmente patente tal sello, esa es la de Xosé Bar Bóo, al que acaban de rendir homenaje el Consello da Cultura Galega y el Colegio de Arquitectos. Además de una larga nómina de colegas de profesión y amigos, el acto contó con la presencia de su viuda, Macamen, y sus tres hijos. Por cierto, que la primera demostró, a través de su intervención en un documental filmado expresamente para el homenaje, que conoce como nadie cuál era la filosofía de trabajo de su marido, sobre la que habló con gran rigor. Un simple vistazo a dicho documental, evidencia que Bar Bóo fue un adelantado. Basta contemplar los edificios que construyó hace 20, 30 ó 40 años para corroborar que son más modernos que los más modernos que terminaron de levantarse ayer. Sobretodo por dentro. Porque si en alguien pensaba Pepe Bar a la hora de abordar un proyecto era en los futuros moradores. Pensaba en todo, desde la funcionalidad a las vistas (no sólo las propias, sino también las ajenas). Y si el presupuesto del constructor lo permitía, en cada rincón escondía pequeñas obras de arte. Desde esculpir pieza a pieza los picaportes de las puertas hasta instalar un baño romano, diseñar los muebles de determinadas estancias o elegir cerámicas firmadas por Elena Colmeiro. Todo un lujo. Casi tanto como el de haber sabido hacer tantos y tantos amigos. Por cierto, que la familia Bar tiene más de un motivo de alegría estos días. Y es que prácticamente al mismo tiempo que se rendía homenaje al patriarca del clan, nacía su primer nieto, Martín que, quién sabe, tal vez un día decida seguir los pasos del abuelo. Nueva línea Gastronómica. En su preparación anda enfrascado estos días el matrimonio Álvarez-Fernández (Alfredo y Lourdes). Parece que los propietarios del restaurante Casa Alfredo de Mos están dispuestos a sorprender a sus clientes. Como correspnde a uno de los establecimientos con mejor nota de toda la comarca, procuran innovar. La consigna es mantener las raíces pero sin caer en la monotonía o el aburrimiento. La presentación en sociedad de la que bautizan como nueva línea gastronómica será el próximo lunes. Contará para la ocasión con algunos invitados de lujo. Por ejemplo Manuel Pla, que es el campeón de sumilleres de Cataluña, que vendrá acompañado de los jefes de cocina y pastelería de su restaurante, Jordi Manillán y Jordi Sala. Mano a mano con Lourdes Fernández, que es la responsable de los fogones en Casa Alfredo, piensan marcarse un menú de siete platos y seis vinos. Ni que decir tiene que el acierto en los maridajes está garantizado. Y no ya porque Pla sea todo un campeón en cuestión de caldos, sino porque Alfredo Álvarez no le va a zaga. No en vano es el presidente de los sumilleres gallegos. Ésta si que va a ser una gran competición. Y por referencias (de vinos, digo) no va a quedar la cosa. Porque la bodega de Casa Alfredo esconde más de 300 sólo de denominaciones de origen españolas. Me sé de alguna que ya ha pedido el día libre para no perderse semejante cita. No me extraña.