OPINIÓN | O |
25 ene 2005 . Actualizado a las 06:00 h.Ésa es la expresión que, refiriéndose a los vigueses, utiliza a veces mi nunca suficientemente ponderado consejero Don Máximo. Lógicamente se refiere a la multitud de oportunidades de culturizarse de las que disfrutamos los vigueses: museos de temáticas a elegir (alguna de ellas de originalidad extrema), centros culturales sembrados por todo el territorio municipal, auditorios, salas de exposiciones¿ Total un centenar, poco más o menos. Y eso por ahora, ya que todavía nacerán más y alguno no precisamente de reducido tamaño. Si esto se lleva a buen término, contaremos con un metro cuadrado de espacio cultural por habitante en edad culturizable, lo que significaría todo un récord Guiness¿ si no lo es ya. No sé yo si los vigueses estaremos dispuestos y capacitados para asumir tanta cultura. Y, para muestra de tal abundancia de oportunidad cultural, baste un recorrido enumerativo de los museos actualmente en activo: El de Quiñones de León, rey y veterano de todos ellos; el del Mar, que goza del total beneplácito del dios de los mares; el del Marco, que busca ser contemporáneo; el de las Palabras, del que, por cierto, se habla más bien poco; el de Caixanova, en el que conviven más de 120 obras gallegas; el de la Casa de las Artes, donde reposan amplias colecciones pictóricas de Luis Torras y Laxeiro y, como broche final, el Etnográfico de Liste, un hermoso intento de compendiar los hitos más importantes de la tradición cultural gallega. Y osaría sumar aún otro, aunque quizá todavía no sea público: el de la Historia de la máquina de escribir. A él lleva dedicando la saga de los Sirvent desde hace décadas un Everest de ilusión, un intenso y alargado tiempo y no precisamente escasez de recursos.