Botellón adolescente

ARMANDO G. FREIRÍA

VIGO

CUARTO OSCURO | O |

13 ene 2005 . Actualizado a las 06:00 h.

YO GUSTOSAMENTE sería amigo de mis hijos..., sí lo fueran de otros. Organizadas por el AMPA de un IES de Vigo, acudí a una charla sobre la problemática de las drogodependencias en los adolescentes durante la cual se debatió, principalmente, del consumo de alcohol, sus causas, comportamientos derivados y consecuencias. Eché a faltar, de inicio, la presencia de profesorado y alumnos. Los primeros porque, muy por encima de un elemental sentido de la cortesía ante un acto que se programa y celebra en su centro -que también-, debieran mostrar interés en un asunto donde la educación y la formación, como elementos preventivos, son de vital importancia y, los segundos, porque de ellos y sus conductas se trataba. Junto a los padres, entonces sí, la comunidad escolar habría debatido sobre algo que al conjunto de ésta afecta. Ya durante el debate, observé dos posturas antagónicas que reflejan, creo, dos mayorías sociológicas de entender y afrontar el botellón. Desde, para unos, la directa criminalización de las conductas adolescentes referidas a sus vestimentas, amistades, horarios, salidas nocturnas, gustos de ocio, consumo de alcohol y otras drogas en actitudes caprichosas, de enfrentamiento, interesado gran parte de las veces, con sus padres hasta la, para otros, cuasi absoluta permisividad y comprensión de los progenitores para con sus vástagos dado el necesario colegeo guay entre ambos como modelo de relación. En ambos casos, los resultados obtenidos -o vivenciados-, eran muy similares: un cierto temor y ansiedad vigilantes ante los repentinos e injustificables cambios de ánimo y conducta de sus adolescentes que pudieran evidenciar un posible consumo de alcohol u otras sustancias..., pero también la constatación de quienes son: adolescentes. Yo no creo que, salvadas las diferencias culturales y sociológicas, los adolescentes de ahora difieran grandemente de los de antaño, con la música rock, los guateques y los cubatas. A aquellos, como a éstos, la enfermedad se les curó con el tiempo porque la adolescencia no dura por siempre..., por suerte.