IN VICUS
12 ene 2005 . Actualizado a las 06:00 h.EL PRIMER rascacielos del mundo se construyó en Chicago en 1864. Este tipo de construcción vertical respondió a la necesidad de proveer de alojamiento a una población que había crecido de forma exponencial y que se preveía lo seguiría haciendo. El cambio de las estructuras económicas, la invención de la máquina de vapor, el inicio de la industrialización y otras atracciones fomentaron el abandono del rural para ir a la ciudad en busca de un medio de vida mejor. El crecimiento demográfico se vio, además, apoyado por la mejora sanitaria que supuso el descubrimiento de los gérmenes como causa de la mayoría de las infecciones y la asepsia como la forma para atajarlas. Pero la construcción en altura no sólo obedeció a factores como el del crecimiento demográfico sino también al de la especulación. Un terreno sobre el cual se construía en altura producía un rendimiento multiplicado por cada uno de los pisos que se elevaba. Un negocio muy lucrativo para los constructores que, además, podían justificar sus beneficios con la creación de empleo. ¡Poco ha cambiado desde entonces! Como ciudad en constante crecimiento Vigo se enfrenta al reto de expandirse para no colapsarse. Constreñida por un urbanismo surgido venciendo obstáculos físicos y políticos, con una red viaria en forma de pulpo, condenada por la mezcla del rural con lo industrial y una arquitectura de los años 60 y 70 que la convierte en el paradigma del "feísmo", no puede aceptar la erección de rascacielos con la justificación de ganar espacios verdes. El sentido común exige abrir calles, construir accesos, limitar la construcción en altura y crear más parques y jardines. Pero, ¿quién dice que en Vigo somos racionales?