Exilios

CRISTINA LOSADA

VIGO

ANTÍPODAS | O |

04 dic 2004 . Actualizado a las 06:00 h.

ME dicen que la ampliación del aeropuerto de Peinador no se acomete por si llegaran aquí oleadas de norteamericanos impulsados al exilio por la reelección de George Bush, ese político que perturba el sueño de conspicuos propietarios de buenas conciencias del Viejo Continente. Es sabido que los cocos y los ogros de algunos europeos llevan los nombres de presidentes de los USA, sobre todo, desde que nos quedamos sin la parte contratante que se decía marxista, aunque no de Groucho, y nos olvidamos de la Segunda Guerra Mundial. Es una lástima que no nos vengan esos exiliados, pues no hay modo entonces de que aparezca Tom Wolfe, el escritor, que deseaba que ganara Bush para poder despedir a esos compatriotas suyos en el aeropuerto y quizá se hubiera animado a viajar allende el Atlántico para recibirlos. Pues no. Así, Michael Moore, hombre orquesta del anti-bushismo, nada más ganar el tejano las elecciones encontró nada menos que diecisiete razones para no cortarse las venas. Diría yo que cortarse las venas no es un acto que derive de pesar en la balanza tal o cual cantidad de razones. Pero no pidamos rigor intelectual y moral a quien no lo demuestra en su actividad profesional; léase al respecto el análisis de Fahrenheit 9/11 realizado por Christopher Hitchens. El cineasta, que tanto éxito comercial tiene en estos lares, no se ha cortado las venas, sino la barba. De traje y corbata e inusualmente aseado apareció en un show televisivo y dicen las malas lenguas que el móvil del aseo es la estatuilla del Oscar. Se la den o no, ya ha hecho su agosto. Es un gran negocio éste del vapuleo de Bush, más incluso que el de atizarle a Aznar, que tiene un mercado más restringido, aunque todavía floreciente. Será por eso que no se exilian los picaruelos.