Siempre, el círculo vicioso

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VIGO

ÓSCAR VÁZQUEZ

TRAS amagos diversos y más o menos justificables, la empresa concesionaria del transporte colectivo municipal, conocida por Vitrasa, se descuelga pidiendo un aumento importantísimo en el precio del billete. Tanto, que la alcaldesa, con muy buen sentido y pensando en las economías de sus conciudadanos, ha rechazado la solicitud. Porque es cierto que los combustibles han incrementado su precio, y mucho, últimamente, pero también lo es que el precio del billete de Vitrasa responde a una forma polinómica en la que el gas-oil es uno de sus componentes, no el único. Al cabo de treinta años, y de mil promesas de mejoras, Vitrasa sigue dando un servicio cuando menos, no plausible, y tal vez, defectuoso. Hay populosos barrios de la ciudad -no parroquias periféricas, que ésas están aún peor- cuyo servicio de autobuses se difiere media hora en el mejor de los casos. La regularidad de las líneas deja mucho que desear. Por supuesto, la topografía viguesa es muy accidentada, su urbanismo peor que malo y la anarquía circulatoria de todos conocida. Así, garantizar esa regularidad es poco menos que imposible. Y en consecuencia, el ciudadano utiliza su coche particular para no llegar tarde a todas partes. De ello deviene la pérdida de viajeros, que Vitrasa recuerda y lamenta casi todos los días. Y entramos, como siempre, en el círculo vicioso. Los ciudadanos no usamos el autobús porque no nos da buen servicio. Y no nos lo da porque le dificultan su tarea. Nadie respeta el espacio de las paradas ni casi el carril bus. La policía local actúa poco o nada, salvo para sancionar donde siempre, no en todos los lugares donde se abusa. Como hay pocos viajeros en determinadas líneas, no incrementamos los servicios. Y los pocos que hay, no resultan rentables para la empresa de transporte público, que no tiene otra posibilidad que aumentar los precios. A lo que se opone, por su exceso, la alcaldesa, en un servicio que es municipal y Vitrasa no posee sino la concesión. Mientras, en otras ciudades, el transporte de superficie es rentable, y más barato que en Vigo.