Cine mudo

VIGO

LA AZOTEA | O |

09 nov 2004 . Actualizado a las 06:00 h.

ESTO de la política cada vez se parece más a los orígenes del arte cinematográfico, pero sin el arte. Me refiero a la apuesta por el énfasis gestual que hacen quienes gestionan nuestros impuestos. Un ejemplo. La alcaldesa de Vigo, del Partido Popular, recibe en la casa consistorial al presidente de la Xunta, fundador del Partido Popular y más intocable en su formación política que Elliot Ness. La regidora, cuan aparente estricta gobernanta, comenzó a «exigirle» al patrón más pasta para la ciudad. «Recuerde usted que somos el motor de Galicia», le dijo con aire serio la rectora de nuestros destinos actuales. Él quedó tan impresionado de la seriedad con la que le hablaban que incluso aplaudió la actuación. La escena recordaba a las películas de cine mudo, aunque faltaba el subtítulo que explicara lo implacable que había sido ella y lo convencido que había salido él de la comparencia ante los medios de comunicación. Lo que ocurre es que no a todos los ciudadanos nos convencen únicamente con gestos. Un alcalde, o una alcaldesa, no deberían tener más obligaciones que las que le dicta su fidelidad a los ciudadanos. Naturalmente, esta fidelidad le obliga a reclamar inversiones públicas en su ciudad a todas las administraciones, las dominadas por sus camaradas y las del vecino de enfrente, porque las ciudades crecen sin atender a intereses políticos. Es por ello que sonó ridículo, e incluso artificial, el paripé de entregar un dossier en público. Al presidente de la Xunta, o al del Gobierno, no sólo había que entregarle un dossier sino un contenedor, de los de Guixar, con reclamaciones de la ciudad más olvidada por las administraciones en toda la Historia. Pero en serio, sin luz y sin taquígrafos, pero en serio.