Sube y baja

ARMANDO G. FREIRÍA

VIGO

CUARTO OSCURO | O |

23 sep 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

SUBEN las expectativas electorales de Bush junior y bajan las de Kerry, suben los bombarderos al cielo y bajan sus bombas, sube el cuchillo del terrorista y baja el cuello del secuestrado, suben las aguas desbocadas y bajan los enseres y los cuerpos, arrastrados cara al mar. Suben las promesas políticas partidistas y baja nuestro ánimo en la democracia real, alguien sube a una silla y otro alguien se baja de ella, avanza la comisión parlamentaria del 11-M y retroceden nuestras esperanzas en conocer lo ocurrido. Sube el Levante y baja el Celta. Y es que todo lo que sube, baja, todo lo que avanza, retrocede, todo lo que va, viene, todo lo que nace, muere. Todo en continuo movimiento. Y es que el espacio es limitado y, para ocuparlo, es preciso desalojarlo antes. Unos suben al autobús, al avión, al tren y otros tantos se bajan de él. Permutamos espacios y posiciones conscientes de que, para que la cola avance, se hace necesario que los primeros la abandonen. Pero la naturaleza, y el hombre más, también alimenta sus contradicciones y altera el orden preestablecido, sobre todo cuanto éste beneficia al adversario. Es por esto que no todo lo que sube necesariamente baja y a la inversa. Algunas cosas suben siempre: el precio de la vivienda, el precio del barril de petróleo y los muertos en Irak, las horas y las víctimas desde un atentado; y otras bajan siempre: el poder adquisitivo de los salarios, el inglés de Aznar, la firmeza de criterio de Zapatero, el control del PP gallego por parte de las huestes de Rajoy, el de Fraga para impedir que las boinas gallegas se tornen cascos de guerra. Visto lo visto, la política actual parece un ascensor de sube y baja y, dados los muchos y complejos conflictos a que se enfrenta, quizás sería sensato ir llamando a un mecánico antes de que la avería resulte definitiva.