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Abonados a las delicias del mar

La Voz

VIGO

La Mirilla El crucero «Constellation» llenó Vigo de turistas, una escena ya habitual en una ciudad que crece mirando a la ría

13 sep 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

Que sí, que es cierto. Lo dicen en las cafeterías, en el mercado y en el autobús. Que el Celta está en Segunda y aún así palma. Que la ciudad carece de Plan General y presume de atascos kilométricos. Que si hay tormenta se inundan Balaídos y el Arenal, y si pasan tres meses sin llover se empieza a hablar de sequía. Pero aunque vengan mal dadas, a Vigo siempre le quedará la ría. Y el puerto. Y las playas, el marisco, las Cíes, las mareas... una combinación de factores que ayudan a la ciudad a sacudirse la tristeza. La depresión se esfuma cada vez que la urbe planta su mirada en ese mar tan bien tapado por edificios y naves industriales. Allí, tras los muros y los mamotretos de cemento armado, están esas delicias del mar que hacen Vigo especial. Una de ellas llegó ayer a los muelles del puerto. Se trataba del Constellation, uno de esos reyes de los mares que, cada vez con más frecuencia, se dignan a echar su ancla en el fondo de la ría. Con el buque llegó la oleada de turistas que tanto bien le hace al comercio vigués. Ayer fueron 1.900 cruceristas, que viajan a bordo de un barco de 263 metros. Se marcharon por la tarde con la bolsa llena de recuerdos, pero pronto otros seguirán su ruta: este mes, Vigo recibirá una veintena de barcos, antes de que las Cíes vuelvan a contemplar a la auténtica reina de los mares, el Queen Mary II. Su majestad acuática visitará la ciudad en octubre, acompañada de sus 345 metros de placer y ocio flotante. Y no se acaban ahí las delicias que disfruta Vigo. Porque el Queen Mary II es un rato bonito, pero no tiene ni el buen color ni el incomparable sabor de esos habitantes del mar tipificados como marisco. En el puerto del Berbés lo saben bien. Por eso este fin de semana se dieron un homenaje de los de época. En los dos días que duraron las segundas jornadas marisqueras, alrededor de 25.000 vigueses engulleron 7.000 kilos de buey y centolla y 3.000 kilos de nécoras, a los que se sumaron toneladas de pulpo, langostinos, camarones, mejillones, navajas... Y así no hay quien se deprima por el final del verano, la vuelta al trabajo, los atascos, el estrés y la interminable batalla política. Aunque sólo sea porque Vigo está abonado al mar, un bálsamo contra el desastre.