Un dúo clásico

Camilo Franco CANGAS

VIGO

M. MORALEJO

Crónica | Mostra de Teatro de Cangas El Gran Wyoming y Reverendo recuperan en su espectáculo el humor de los locales de copas en los que comenzaron a tocar hace un cuarto de siglo

06 sep 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

?l Gran Wyoming y Reverendo forman un dúo cómico en el que, como en los grandes clásicos, uno larga todo lo que puede y el otro apostilla. La ventaja de Reverendo es que además toca el piano y la de Wyoming es que es muy capaz de apostillarse a sí mismo. Diríase, como en las crónicas rancias, que el espectáculo es sencillo, que la Antolojía , es una síntesis de los años de escenario y una versión reducida de horas y horas de intentar mantener la atención de espectadores en dura pugna con el amplísimo catálogo de bebidas alcohólicas y de las otras que cualquier bar, por cutre que sea, puede ofrecer. La experiencia dice que entre una copa y un humorista, la ventaja la tiene la copa salvo que el showman tenga la habilidad de respirar muy pausado para que el público pueda sorber entre parrafada y parrafada. Wyoming ya no tiene ese problema porque en los teatro no dejan beber, así que su torrencial forma de humor ya no se encuentra con la mirada despistada de quien acaba de posar el vaso largo sobre la mesa. En el espectáculo es difícil saber si las canciones rodean al texto o es el texto el que rodea a la música. Tampoco tiene importancia. El público agradece ambas porque Wyoming se conoce a sí mismo y conoce su papel. Así que lo mismo cuenta lo que toda la vida ha contado, como se inventa las historias para que Reverendo descanse bajo el humo del tabaco. El repaso del dúo tuvo una forma muy parecida a la del doble disco editado hace poco más de un año y que recogía la experencia de las actuaciones entre 1975 y el 2000. En directo, Wyoming es más locuaz, que para eso tiene al público delante. La forma de largar del showman, cantante, o lo que se le quiera llamar, es como la de los trenes que no se detienen en las estaciones: a toda velocidad y añadiendo lo que venga en cada momento y venga al caso. En la Mostra, Wyoming estuvo ingenioso, como parece habitual en él. Jugó un rato con el público, lo hizo cantar y, de paso, fue dejando algunos de esos asuntos que el humor aclara mejor que los largos tratados de geopolítica. Quizá por su formación médica, o por la parodia de la misma, al cantante le gusta dar detalles de cómo se producen algunas reacciones humanas. También le gustan las píldoras, las pequeñas frases para redondear sus números, casi tanto como cargar de lleno contra la música ligera y las canciones de amor. Que igual tiene razón y no sirven para nada que no sea ocupar tiempo en las emisoras que no programan las canciones de Wyoming y Reverendo.