ANTÍPODAS
14 ago 2004 . Actualizado a las 07:00 h.THOMAS SOWELL, un economista e intelectual norteamericano de la cuerda liberal, en el sentido europeo del término, cuenta el caso de un juez que perjudicó a todos los usuarios de una biblioteca para beneficiar a un vagabundo conflictivo que acudía a ella. Con este y otros ejemplos, ilustraba uno de los aspectos de lo que él llama «la visión de los ungidos», que son los que parecen creer en la bondad originaria del humano, que sólo se haría malo por culpa de la sociedad, el «sistema», la pobreza, etcétera y piensan que los problemas sociales existen, porque no todos son tan sabios y virtuosos como ellos. El indigente aquel iba a la biblioteca y montaba bronca, así que la dirección del centro tomó ciertas medidas. Enterado el juez virtuoso, en lugar de acoger en su propia casa al hombre y aturarlo como buen samaritano, decidió que debían soportarlo todos: aplicó la distribución igualitaria de la molestia. Entendía él que la biblioteca debía adaptarse al tipo y no el tipo a la biblioteca. A muchos nos gustaría ser objeto de tanta consideración, pero no nos hagamos ilusiones: sólo lo consigue quien pertenece a lo que Sowell llama «grupos mascota» de los ungidos. Al leer del caso, en un artículo de un amigo, recordé el affaire de la plaza de la Princesa y de los bancos, asunto que aún no se ha aclarado, si bien los bancos siguen missing . Las autoridades no se atreven a hacerles cumplir la ley a los bronquistas, así que usan subterfugios, como la retirada de los asientos, para intentar que se larguen. Con ello fastidian a otros usuarios de la plaza, pero evitan dar la imagen de que son «duros» con los pobrecitos. En todo caso, huyen del problema. Los borrachos siguen en la plaza y los bancos no. closadafernandez@yahoo.es