«Aquí hay buenos bailarines, pero no existen compañías»

VIGO

Entrevista | Miriam Vilas Piñeiro Llegó al mundo del ballet por casualidad pero, a sus 28 años, esta canguesa ya puede decir que ha trabajado en diversas agrupaciones de danza de España y Portugal

12 ago 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

Aprovecha estos días para visitar a sus amigos y, si alguna vez llega a salir el sol, disfrutar de los arenales de su Cangas natal. El resto del año, baila. Miriam Vilas Piñeiro ha logrado convertirse en bailarina profesional y ahora trabaja en la Centro Coreográfico de la Generalitat de Valencia, donde, por cierto, ha coincidido con una viguesa. -¿Cómo llegó a la danza? -Tenía nueve años. Empecé porque mi hermana hacía ballet y me enseñó algunas cosas que tocaron mi curiosidad. Fue entonces cuando Maite Quiñones abrió la escuela en Cangas y aproveché para inscribirme. Así que no fue por vocación sino por coincidencia. -¿Y qué pasó a lo largo de esos años? -Estudiaba con Maite y me presentaba a los exámenes del conservatorio en Madrid. Tuve una evolución bastante rápida y fui aprobando los cursos. Maite se dio cuenta de que tenía posibilidades y me presentó a algún concurso. A los 17 años, terminé séptimo de danza y decidí irme a Madrid a perfeccionar mi técnica. -¿Ya pensaba en la danza como profesión? -Sí, sabía que era difícil, porque en España está muy mal esta profesión, pero quise aventurarme porque tampoco sabía cuál era el nivel que había en Madrid. -¿Y era muy diferente a su experiencia en Cangas? -En Madrid, había mucho nivel, pero tampoco fue para decir vengo de una escuela de pueblo y aquí no voy a poder bailar. No. Llevaba un buen trabajo de Maite Quiñones. -¿Cómo fue la primera experiencia profesional? -Estaba en Madrid, con Carmen Roche, y me presente a una audición para una compañía que iba a dirigir Fernando Bujones. Fui a ver cómo era y me cogieron. Era ver un sueño realizado, comprobar que era posible vivir de la danza. -Desde entonces, ha recorrido varias compañías. -Sí, tras aquel primer trabajo, me contrataron en una pequeña compañía de Viana do Castelo, después estuve en la Compañía Danza do Tejo de Lisboa, para pasar después a Madeira, donde se había formado una compañía propia que mantenía un protocolo con la compañía nacional de Portugal. Más tarde, llegué a Barcelona donde trabajé en la Compañía Neoclásica de Cataluña. Volví a Lisboa para participar en un musical y ahora estoy en el Centro Coreográfico de la Generalitat de Valencia. -¿Es imposible entonces quedarse en Galicia? -Está bastante mal. Tenemos la compañía Rey de Viana, pero en danza contemporánea y clásico no existen prácticamente. Hay pequeños grupos que intentan hacer algo, pero que carecen de ayudas. Es difícil en Galicia, pero también en toda España. -Pero en otras comunidades existen más apoyos. -Sí, la compañía en la que estoy está subvencionada por la Generalitat de Valencia, pero es algo que todavía está empezando y aún carece de las condiciones que tienen otras compañías. En España, dentro de la categoría de compañías grandes sólo está la Compañía Nacional y punto. Hay muy buenos bailarines, pero no hay compañías. En Galicia, mucho peor. -¿Hay demanda de danza por parte del público? -Sí, en Valencia, estamos llenando siempre un teatro de cuatro mil localidades. A la gente le gusta ver danza. -¿Qué tipo de danza realizan? -Neoclásico y contemporáneo, con una fuerte base clásica (tenemos todos los días clases de clásico). -¿Es esto lo que más demanda el público? -Creo que empieza a vender más el contemporáneo. El clásico queda en manos de las grandes compañías, como la Ópera de París. -Pero, la base siempre será clásica. -Sí, salvo las compañías de danza teatro, todas exigen una técnica clásica, porque ahí está la base de todo. -¿Cómo es la vida de una profesional de la danza? -Bastante dura y sacrificada. En primer lugar, porque tienes que irte de aquí para encontrar trabajo. Después, es sacrificado porque requiere constancia y exigencia, porque tu cuerpo no está igual todos los días. También es preciso que sepas actuar como interprete, saber expresar lo que siente, condición que convierte a la danza en un arte. -¿Cualquiera puede bailar? -Profesionalmente no, sobre todo en el clásico. Es necesario poseer unas condiciones físicas, una flexibilidad, una fuerza, etc. Después, también se necesita talento y vocación. -¿Hasta dónde llega la vida de una bailarina? -Es difícil. Es algo personal que te marca el cuerpo. Creo que el límite son los 35 años.