Homenajes y olvidos

PABLOS

VIGO

CONTRASTES | O |

11 ago 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

CUCO, diminutivo familiar de Francisco, lo hizo internacional con su apellido, Cerecedo, este vigués tierno y desgalichado, decidido, irónico, inteligente, cordial, capaz de, por nada, darlo todo; hasta la vida, que entregó tan prematuramente en Colombia, y en condiciones extrañas nunca del todo aclaradas, cuando aún no había cumplido los 40 años. Era periodista de raza y escritor nato, desbordando en cada párrafo de sus artículos firmeza, ternura y denuncia. Reinventó géneros tan manidos como la reseña futbolística, apodó de modo indeleble, y claro que de castigo, a políticos franquistas y demostró, jugándose la vida que siempre pareció no importarle, trampas de USA y su CIA en Etiopía, en Cuba, en casi toda Suramérica. De pronto aparecía en Vigo a ver a los amigos como los recordaba con una postal urgente desde Yemen, Irak o Antofagasta. Hace algún tiempo, el edil de turno decidió dedicar a Cuco Cerecedo una placa en la casa donde nació y vivió, en la calle Progreso. Asistimos a su colocación provisional devotos y amigos. Poco después, la placa, relieve en bronce de indudable encanto, desapareció, y nunca más se supo de ella. ¿Por qué estos recuerdos y olvidos? ¿Es que tan excepcional personaje no merece que se perpetúe su memoria siquiera así, como lo hicimos aquella tarde y algunos días más, con exposiciones y conferencias de amigos en su honor? No es dada esta ciudad a mimar a sus glorias, grandes o medianas. Apenas si en todo su ámbito hay una huella de testimonio a quien merece que no se le olvide. Por eso reivindicamos la recolocación de la placa que nos recuerde a este vigués sorprendente, irrepetible y admirable.