Crónica | Un festejo que no es gastronómico La asociación juvenil Mos-Keo celebró ayer la Fiesta de la Prehistoria, en la que participaron cerca de trescientas personas disfrazadas de trogloditas
07 ago 2004 . Actualizado a las 07:00 h.El valle de A Louriña acoge el yacimiento prehistórico más antiguo de toda Galicia. Un yacimiento que los modernos parques industriales han relegado al olvido. No sé si por ese motivo, en el Concello de Mos han decido disfrutar un día al año haciendo el troglodita. El tema es sencillo y divertido. La gente se disfraza como buenamente entiende que debía ir vestido un individuo de hace más de dos mil años. Inevitablemente, todo el mundo se lanza a copiar la moda de los Picapiedra, es decir, una piel de un animal leonado, algún hueso a modo de piercing y una actitud más bien carpetovetónica. La idea surgió de la asociación juvenil Mos-Keo. Quizá no encontraron ningún artículo alimenticio que exaltar en el cargado calendario gastronómico gallego y parieron la idea: todos a hacer el cavernícola. Este año, Penacova, en la parroquia de Santa Eulalia, acogió a trescientos individuos difícilmente catalogables, pero perfectamente agrupados en cerca de treinta tribus, tal como indicaban las normas de participación del curiosos fiestorro. Los neanderthalensis, antecessor, ergaster y algún sapiens fueron agrupándose en los alrededores de Penacova desde primeras horas de la mañana. Talleres y demostraciones de técnicas tan sofisticadas como la microtalla de útiles líticos, el dominio del fuego o demostraciones de pintura rupestre fueron algunos de los temas que entretuvieron a los prehistóricos presentes en la fiesta mosense. La tarde ya fue otra cosa. El sobradamente conocido instinto lúdico dos nosos antergos salió a relucir de una forma abrumadora. Decía el programa que a partir de las cuatro de la tarde, el Penedo da Pucha serviría de receptáculo a las cerca de treinta tribus participantes en el fiestón. Así como iban llegando, el intercambio de regalos se hacía presente. Era la señal de arranque para la pérdida de la civilización tal como hoy en día la entendemos, que también nuestros antepasados tenían sus propios códigos sociales. Las tribus participante, bajo la atenta mirada de los anfitriones del Porco Bravo, compitieron en una serie de juegos de gran repercusión social en el momento en el que nadie llevaba un mechero en el bolsillo, porque nadie tenía un bolsillo que llevarse a la chaqueta. Carreras con antorchas encendidas, lanzamientos de lanzas y otras muchas interesantes actividades dieron entretenimiento a los coetáneos de Pedro Picapiedra y Pablo Mármol. Sesión after hours Claro que no todo va a ser hacer el bárbaro. A eso de las ocho de la tarde, cada tribu dispuso su propio avituallamiento, como paso previo a la sesión nocturna. Ésta se inicio con la entrega de premio a los ganadores de los juegos vespertinos. Después llegó el momento de recuerdo a los antepasado con una invocación a los espíritus en la mámoa de Penacova, que para algo los prehistóricos somos los presentes, los pasados y los que están por venir. ¿Y no hubo rock and roll? Sí, la tópica tríada llegó después. Estaba previsto que a eso de las doce de la noche comenzarán los bardos a tocar. La neolítica verbena fue asumida por los grupos Annie Hall, Os Tres Trebóns (e o vendaval do Rosal) y O Jarbanso Negro. Seguro que a estas horas, algún espiritoso cavernícola todavía duerme al abrigo de los fentos en los alrededores de Penacova.