IN VICUS | O |
02 ago 2004 . Actualizado a las 07:00 h.NO son muchos los lugares por los que los vigueses podemos pasear en contacto directo con la naturaleza: el Castro, icono de nuestra ciudad, el Parque de Castrelos y¿ para de contar. Lamentablemente, ambos se encuentran en un deplorable estado de conservación tanto por la falta de civismo y conciencia ecológica de los ciudadanos que los visitan como por la escasez de medios que permitan su mantenimiento en condiciones adecuadas. Tampoco abundan las rutas por las cuales caminar y pasear en bicicleta: sólo tenemos el sendero a lo largo del río Lagares que, además de zona de ocio es muestra significativa de la pobre consideración en la que nos tienen los poderes de nuestra urbe. Cierto que se ha realizado un esfuerzo en recuperar la zona pero, ¡ha sido y es el único! El río, nunca caudaloso, sirve de hábitat a unos cuantos patos y sus crías así como a algunos frondosos árboles en la zona que se extiende más allá de la Zona Franca. Pese a estar pegado a los muros de las industrias que han ido surgiendo a lo largo de su cauce, ofrece un remanso de paz a los vigueses que optan por escapar de las multitudes de las playas. Sin embargo, resulta anacrónica e indeseable la difícil convivencia entre el mundo industrial y el vegetal que surge más allá de las paredes. Teniendo en cuenta los proyectos de urbanización de San Paio de Navia es cuestión de poco tiempo que esas empresas se vean obligadas a abandonar la zona. Por ello, sería recomendable que, dado el primer paso con la recuperación del Lagares, las autoridades se planteen ya dónde reubicar a las empresas y cómo aprovechar ese espacio para extender el manto verde más allá de los pocos metros que ahora tiene.