ANTÍPODAS | O |
10 jul 2004 . Actualizado a las 07:00 h.A LA VISTA de las que montan en la plaza de la Princesa las cuadrillas de bien bebidos colgados que allí encuentran asiento, dice el Ayuntamiento que va a hacer una ordenanza que regule la mendicidad. No sé que pinta la mendicidad en este cuento. Esos tipos no están ahí para pedir, sino mayormente para emborracharse, dormir sobre los bancos, orinar donde les peta, vociferar y liarse a mamporros. Creo que esto es lo que la alcaldesa, con exquisito eufemismo, ha llamado «vida doméstica en el centro de la ciudad». Un poco salvaje, la domesticidad ésta. De momento, han quitado los bancos de la plaza. Así no hay asiento para los pillos. Ni para los viejos. Muerto el perro, se acabó la rabia. Ya veremos. Pero la gran idea es la nueva ordenanza. Cómo no. Este el país de las leyes. Como no se cumplen, hay problemas, y el político, ante los problemas, promete una ley. Y el caso es que más veces de las que sería deseable, la hace. Tenemos un montón de leyes y es como si no tuviéramos ninguna. Pero las tenemos. Y seguro que en ese montón hay normas contra alguna de las actividades molestas que desarrollan los señores -no mendigos- que hacen ese tipo de «vida doméstica» en las plazas. Si las hay, que las hagan cumplir, y acabaremos antes. Atrévanse, que no muerden. Las leyes, digo. Los sujetos, ya veremos, pero con eso se cuenta. Y dejen a los aparcacoches, y a la gente que no monta broncas, en paz. Los gorrillas hacen un servicio. En todo caso, no se meten con nadie, no ensucian, no se pelean. Antes de entrar en la selva, hay que distinguir la fauna. Y esos bancos, de vuelta. Que la plaza era también el foro de los viejos y el reposo del paseante. closadafernandez@yahoo.es